domingo, 28 de febrero de 2021

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“El silencio del tiempo”


- Aarón y la Fiesta -


Sergio y Patricia estaban acabando ya de almorzar, les faltaba pedir el café  y un postre, como era  costumbre.

Un café  que no les venía nada mal para activarse y empezar con el trabajo de investigación que les estaba esperando en la biblioteca. Este era el verdadero motivo de su encuentro. Para lo que inicialmente habían quedado.

Durante la comida, entre plato y plato, no faltaron las risas en un ambiente distendido y relajado. Donde el uno al otro se iban quitando las palabras y pisando las frases en interrupciones continuas, por lo que,  no cerraban los temas aunque se afanasen en ello. Lo que le daba a la situación un sentido alocado y frenético pero, de mucha fraternidad y respeto. Cosa normal cuando se juntan dos buenos amigos que no paran de lorear. Se conocían tanto que prácticamente se sabían intuitivamente lo que iban a decirse, responder o pensar sobre un tema determinado.

Ellos se habían conocido años atrás cursando la carrera de Historia del Arte. Empataron desde el inicio. Se hicieron inseparables en el tiempo que duraron las clases presenciales en la universidad. No era difícil verlos juntos en los pasillos, en la cafetería, en la biblioteca o sentarse juntos en las aulas, como un matrimonio bien avenido. Donde nunca coincidieron claro está, fue en los baños, muy a su pesar pues en esos espacios íntimos es dónde uno más se sincera. Fueron cómplices y compañeros forjando una bonita amistad. Compartiendo todo tipo de momentos y vivencias que estrecharon más sus lazos personales.

Actualmente estaban por acabar sus estudios en la universidad. Andaban enfrascados en un trabajo de investigación. Donde prácticamente se jugaban gran parte de su nota final de carrera.  Era la conclusión a un ciclo en sus vidas que, por diferentes razones, habían comenzado con estos estudios y que terminaría una vez se publicase el trabajo de investigación.

De igual modo se iniciaría nuevamente otro periodo, pero en éste aún  ignoramos los detalles. Así es la vida... pasar de uno a otro. La incertidumbre y el miedo natural a lo desconocido se adueñaban de sus conversaciones cuando trataban el tema. Mejor será dejarlo para cuando llegase ese momento.

Por su puesto sus edades era algo superior a la media de sus compañeros de clase. Ésta no era la primera vez que se  habían codeado en el mundillo universitario. Ambos ya se habían desarrollado profesionalmente. Los motivos de iniciar este curso académico fueron realmente otros y no los estrictamente laborales, económicos u otros propios de un joven que recién acaba el bachillerato e inicia su andadura en el umbral de la madurez. Este factor común junto a la similitud generacional fueron   puntos que les ayudó a conocerse. 

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Sergio alzó su mano llamando la atención del camarero. Pidió la cuenta, pues ya no quería demorarse más, el tiempo vuela rápido y aún tenían muchos temas que resolver en la biblioteca. 

Aarón entró en la cafetería. Aunque un poco despistado al inicio, no fue motivo suficiente para hacerle mella en aquella seguridad que siempre le acompañaba. Entró firme y erguido como el que camina por el mundo sin miedo.

Él no tardó en localizarlos en la tercera mesa de su derecha, allí, frente al ventanal que daba a la calle. Reconoció rápidamente a Patricia, aunque esta se encontrara sentada de espalda a él. Pero su cabello ondulado recogido en una cola alta y sus hombros menudos, eran inconfundibles. 

Patricia sentada frente a Sergio; se entretenía agrupando los restos de migas del mantel con su servilleta mientras sonreía a los comentarios recurrentes de su amigo. En un momento se desconcertó, pues no entendía las señales  y gestos que le hacía Sergio. El silencio se hizo protagonista de la situación. Para  Sergio, aquel extraño parado frente a la espalda de su amiga era  todo un misterio también. Por un momento pensó que podría haber sido una confusión, pues su imagen no era la de un  vendedor ambulante o un ratero. 

la sorpresa de Patricia fue mayúscula cuando al voltear reconoció a Aarón. No entendía qué hacía él allí. ¿Qué extraña coincidencia?. Le sonrió cortésmente e hizo ademán de levantarse cuando... sin esperar a la invitación protocolaria, Aarón se acomodó en una de las sillas de la mesa que estaba vacía, ubicándose en medio de los dos, como una maya de tenis. Mostró su gran sonrisa y apoyó su atlético brazo encima de la mesa. Aprovechó para saludar amigablemente a Sergio, a quien le extendió su mano. 

Aarón era así de decidido, como un marinero que parte hacia el mar abierto, minimizando sus temores bajo una capa de autoconfianza certera. Cuando se decidía hacer algo iba hasta el final, sin atajos. Tenía ese espíritu aventurero que emanaba por toda su piel, intrépido y conquistador. Siempre con una actitud que daba muestras de su solidez y resistencia.

Era característica su voz potente, como la de un locutor de radio y también su carácter enérgico, pero a la vez fácil de llevar. Dulce en la intimidad. Esa ternura que casi nunca enseñas. Sólo para algunos en tu privacidad y confianza. Había aprendido a ser extrovertido y vivaz para enfrentarse a la vida, como una estrategia que además le servía de protección. Como una armadura que cuida con celo algo más sensible y frágil. Como el  mascarón de una proa, siempre se dirigía hacia adelante rompiendo el océano, sin mirar atrás ni para tomar impulso. 

Era natural de Getxo pero, llevaba ya bastantes años en Madrid. Una vez que terminó sus estudios de Geomática y Topografía en la universidad Politécnica de Madrid. Fue enlazando un trabajo con otro. De este modo, sin querer queriendo, se fue quedando en "La Capital" como le gustaba decir. Pero nunca perdió su acento bilbaíno y siempre que podía se escapaba a escuchar las olas del Cantábrico golpeando con bravura los acantilados rocosos. 

- ¿Pero qué haces aquí? Preguntó Patricia alumbrada por aquel encuentro sorpresa.

Patricia se caracteriza por ser ordenada. Le gusta tener el control en su agenda del día. Estas situaciones le desconcertaban un poco a pesar de ser involuntarias y azarosas.  No es una persona a la que le guste alterar sus planes y horarios ya predeterminados, pero cuando esto sucedía irremediablemente, tampoco se molestaba. Simplemente se adaptaba al nuevo escenario. Al principio, si tengo que confesarles... que  renegaba un poco, pero que después, se dejaba llevar por el momento.

También tengo que decir a su favor que le gustaba romper esporádicamente sus propias normas. Saltándose ocasionalmente las reglas, como excepciones que rompían la norma, porque detestaba sentirse encorsetada con su propio orden.

De vez en cuando se daba unas licencias. Entendía que para tener una vida saludable y alcanzar tus metas, tienes que mantener un cierto orden pero que, también tienes que dejar libre a tu espíritu para que explore otros mundos. Libres de preceptos y pautas. Había aprendido a ser flexible y comprender que las cosas muchas veces no son como quisiéramos, si no como son. Que la libertad del albedrío y la espontaneidad también es son valores importantes.  

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Patricia y  Aarón mantenían un juego de atracción mutua desde el mismo día en que un amigo en común les había presentado tiempo atrás. Pero nunca llegó a más, tan sólo a unas simples indirectas. No se si era la timidez que ambos tenían en avanzar hacia algo más comprometido, o sencillamente los astros no se habían alineado lo suficiente como para dar les una oportunidad a los dos. Quizás el temor de perder definitivamente lo que tenían hacía que no se aventurasen a algo más. A pesar de la valentía y lo audaz  de la actitud de Aarón, si sentía que Patricia era una excepción para él.

Patricia nunca quiso reconocer que se sentía atraída por Aarón. ¿Quién no, ante aquel osado Apolo? con aquella irresistible imagen de Indiana Jones en la ciudad. Además, ella estaba cansada de terminar siempre sufriendo por aquellos conquistadores que te enamoraban en un principio y que luego te dejaban por miedo al compromiso, o porque se daban cuenta que no eras lo que buscaban, o porque quizás ya no sentían lo mismo, o porque ya habían conseguido lo que querían; sexo disfrazándolo de amor verdadero... ya no recuerdo cuántas excusas más le decían para justificar su ruptura. Ella normalmente siempre terminaba bajoneada, no correspondida y prácticamente casi derruida. En su despecho buscaba consuelo de fiesta en fiesta, entre el alcohol de fines de semana y el sexo con desconocidos. También asistía a talleres de autoestima y devoraba libros con la misma temática de psicología cognitiva conductual. Toda una espiral emocional y un guirigay desconcertante, un coctel dulce y amargo, en el que un día Patricia ponía fin enfrentándose a si misma, encarándose al espejo frente a frente y diciendo ¡basta!, llorando por última vez aquel duelo que le había afectado demasiado tiempo ya.

Había preferido no complicarse la vida y mantener así una rutina ordenada, normal y tranquila por el momento... Despedía a sus recuerdos con algunas frases recurrentes y motivadoras que había aprendido en uno de esos talleres memorables de autoayuda a los que había asistido. Para eso sirven ¿no?. 

Prefería así cubrir con un espeso velo su deseo por Aarón. Sus prejuicios se habían anticipado protegiéndola y salvaguardándola del desastre emocional, moldeado una imagen de él como un vividor. Un malote del que siempre te dejas caer en sus brazos aunque sabes a ciencia cierta que sufrirás. Demasiado bueno para ser cierto. ¿Para qué dedicar el tiempo en algo que no iba a funcionar?. Él es un chico de mundo, por el que fluye un atractivo natural y deseable. Como un caramelo en la puerta de un colegio. Además Patricia ya había entendido que el amor no se busca, ni tampoco necesitas de nadie para ser feliz. Ella estaba en esa etapa de su vida donde todo su interés recaía en otros temas no tan carnales. Ahora era feliz, segura y tenía claro que era lo que no quería.

Había construido su propio planeta, su  micro-universo seguro  y estable, con su trabajo y sus estudios. Con sus hábitos y normas. Su familia. Los maravillosos viajes que hacía sola o con amigos que, ocasionalmente terminaban yendo a la  playa o cualquier otro destino.

Y lo más importante, había aprendido a escucharse y a aprender a vivir con alguien que nunca dejó estar ahí, junto a ella. Apenas se había dado cuenta de su presencia y que estaba conociendo poco a poco. A ella misma.

No se cerraba al amor, pero sabía que lo que hasta el momento había conocido no era exactamente lo que las letras suman y dicen en lo más extenso del vocablo. Simplemente habían sido los aperitivos, algunos de ellos amargos, pero puro vermú para lo que tendría que venir, así, con estas contundentes palabras le consolaba su buena amiga Rocío, en aquellos momentos sensibles tras una ruptura. 

Fue precisamente Rocío quien le dijo a Aarón donde paraba Patricia ante la insistencia del mismo. Rocío también era conocedora de esa atracción negada, clara para todos los que coincidían con ellos o estaban presentes cuando aparecían. Tan evidente era que en ocasiones servía de comentario entre el grupo de amigos. Rocío evadía simplemente el tema en defensa de su amiga. Simplemente lo único que deseaba es que fuese feliz su amiga. Había puesto su hombro demasiadas veces y todos merecemos momentos con mejor sabor.   

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- Rocío me dijo que te encontrabas aquí, en esta cafetería, almorzando antes de de ir a biblioteca. Le dijo Aarón, buscando con su mirada encontrarse con el dulce marrón de los ojos de Patricia, que escuchaba atentamente. 

- Quería saludarte. Alzó el brazo y pidió un café al camarero que ya se estaba acercando por petición previa de Sergio, dejando los postres en la mesa. Unos danzarines flanes caseros, especialidad de la casa.

- Dos cafés más, ¡por favor! añadió Sergio a la comanda. Uno cortado, (le aclaró).

- Me sorprendiste Aarón, pero... ¿qué haces aquí y cómo llegaste a encontrarnos? -A lo que añadió seguidamente -¡Vaya, qué sorpresa!. A los tiempos. Hacía tiempo que no habíamos vuelto a coincidir o a vernos.

- ¡Tú! que te escondes. jeje... - le respondió Aarón con sorna.

- La última vez fue en la fiesta por el cumpleaños de Eduardo, que fuimos Roció y yo ¿recuerdas? -siguió conversando Patricia - que terminamos tomando unas cañas por Lavapiés, ¡qué locura! ¡qué bien lo pasamos aquella vez! - Los recuerdos le dibujaron una gran sonrisa en su rosado rostro, dejando libres a sus pupilas asomarse y dirigirse a él con descaro.

- Si, así fue. Contestó Aarón sonriendo. 

Para Sergio, que estaba como un espectador de cine callado, se dio cuenta de que a Patricia le importaba mucho aquel chico. ¿Pero por qué nunca le había hablado de él? La conocía bien y sabía que aquel extraño era algo más que un amigo recurrente en las reuniones. Además, aquel chico también parecía interesado en ella.  Deducía que, no había cruzado medio Madrid sólo para saludarla sino que, seguro habría un propósito adicional que por el momento, no terminaba de decir.

No tuvo más remedio que interrumpir aquel momento intimo y tan público, que se estaba escenificando  entre ellos dos. Del que él involuntariamente estaba siendo además testigo. La magia acabó cuando el camarero llegó a la mesa con los cafés y Sergio aprovechó para pedir la cuenta. Pidió que incluyese también el café de Aarón. Seguidamente recordó a Patricia el motivo de su encuentro. No quería resultar grosero ante aquel extraño conocido, pero el tiempo del almuerzo se estaba dilatando mucho y tenían toda una lista de tareas que hacer en la biblioteca. Les esperaba un tema mucho más banal como era el Manierismo Italiano. Le sugirió ir avanzando el trabajo él sólo, mientras que ellos terminaban disfrutando  de  un poco más tiempo para actualizarse íntimamente. A lo que Patricia se negó y Aarón secundó.  

- Disculpad no quiero entrenerlos más, se que tienen mucho trabajo. Mi interés era verte. Saludarte e invitarte a una fiesta que voy hacer en mi casa este fin de semana. Estarán todos y me gustaría que vinieras, bueno... ven con quien quieras también. Aarón dirigió su mirada a Sergio. 

- No acepto un no por respuesta -siguió diciendo-  no puedes faltar. Iré a buscarte si es necesario -sonriendo mostrando su cautivadora y golfa sonrisa a la que nadie podía decirle un no. 

- No lo tengo claro Aarón - titubeó Patricia mirando el mantel-  vamos muy atrasados con el trabajo de investigación... no puedo confirmarte aún.

- La fecha de presentación cada vez está más cerca y hemos tenido que rehacer nuevamente el proyecto - siguió Patricia con su argumento justificando su negativa-  eso nos ha acarreado un tiempo de retraso extra que no contábamos. No sé si estamos en tiempo de permitirnos distracciones, vamos muy justos. 

- ¡Sí, allí estaremos!... no hay problema. Seremos puntuales como un reloj suizo. Interrumpió Sergio decidido y contundente, sin opción a la retórica por parte de Patricia.

Sergio no daba crédito ¿Cómo podía estar pensando qué hacer con una invitación  de alguien así... ? Comprendía las palabras, la verdad y razón de Patricia; tampoco quería ser irresponsable, pues no eran sus formas, pero hay tiempo para todo. No entendía la reacción tan negativa de sus amiga.  ¿Qué le estaba pasando a su amiga? ¿Qué locura le había nublado la visión? Sencillamente no podía entenderlo. Salvo que ella quisiera hacerse la dura con aquel chico. Pero Patricia era lo suficientemente honesta y clara, como para andarse con esos juegos infantiles  de quinceañera Disney. 

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Patricia finalmente accedió y quedaron en asistir a la reunión. Definitivamente pensaba que era un locura en aquellos momentos pero se dejó llevar por el convencimiento y la insistencia de ambos. Dejó claro que sólo sería por un rato y todo muy light, para no descentrarse mucho del trabajo que tenían entre las manos. También sabía que, una distracción ante tanta presión también es bueno. 

Terminaron rápidamente sus respectivos cafés y salieron juntos por la puerta. Ya en la calle se despidieron con afecto y volver cada uno a sus quehaceres. 

- ¿Por qué nunca me hablaste del vasco? ¿Quién es? Patri ¿qué pasó? en todo esto... hay mucho más que una simple amistad, ¿crees que no me he dado cuenta? - le iba diciendo Sergio a Patricia mientras entraban en la biblioteca. Por prudencia no quiso interrogarla en la calle mientras Aarón se dirigía calle abajo. 





sábado, 30 de enero de 2021

El Silencio del Tiempo




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“El silencio del tiempo”



-Giuseppe y el Destino-



El final del trayecto para Javier  también llegó. Pasadas dos estaciones, después que se bajara Sergio, se dispuso a abandonar felizmente el tren. Usaba el subterráneo en contadas ocasiones. Pero aquella mañana tenía algo de prisa y entendía que éste  era el medio de transporte más rápido y seguro. Sin desvalorizar, tampoco,  el gremio taxistas u otros medios de transporte. A pesar que era el que menos le gustaba utilizar.

Prefería más caminar o montar en bicicleta y así poder disfrutar más de la ciudad, de su luz, de la cotidianidad de los días. Contemplar a los ciudadanos en sus múltiples tareas, a los niños, a los “sabios” de la tercera juventud, como le gustaba nombrar a los mayores, caminando pausadamente por los parques o jugando a la petanca. Observar a las mascotas como caminan alegres con sus dueños mientras les tiran de sus brazos con fiereza. Estas y otras cosas más son, las que le hacía pensar a Javier, en la teatralidad de la existencia, el valor de vivir en directo, sin censura ni artificios, la pura verdad de la vida.

Caminaba ya por el paseo de Recoletos  cuando, sintió en su mano el frío del despertar de la mañana. La miró... y la puso a resguardo en el bolsillo derecho del abrigo de paño que se compró aquella vez que  visitó la ciudad de Béjar. Este abrigo era un cariñoso recuerdo de las escapadas que había hecho con Cesar, hace ya algún tiempo. Los añorados y pasados domingos compartidos con él. Juntos hacían estas pequeñas excursiones descubriendo los remotos  y escondidos  paraísos del interior del país.

Compartían su tiempo exploraron los alrededores de Madrid como auténticos sabuesos o buscadores de tesoros. Así, tenían como costumbre pactada que, aquellos domingos que podían permitirse estar libres de compromisos y de  trabajo, elegirían pasar el día  disfrutando y desintoxicandose de todo, en un destino de diferente.  Andanzas que siempre  estaban condicionadas por el  tiempo, pues tenían que hacerse en el mismo día.

No les importaba madrugar si ese era el costo a canjear por divertirse sanamente y compartir aquellos maravillosos momentos de felicidad. De este modo, trazaban  una línea con un lapicero en aquel mapa de carretera envejecido, casi roto ya por las dobleces y salpicado con alguna que otra mancha de café. Este era el método que usaban para revelar su próximo destino. Recopilaban toda la información del lugar elegido y después, en una reunión frente a unas cervezas, vinos y unas tapas, la compartían con su grupo de amigos más cercano, por si alguno de ellos deseara ser partícipe de dicha aventura. Este mapa era el pergamino de la libertad, la llave de la evasión y del disfrute, en lo más explícito de lo que la palabra quiere decir.  Sólos o con amigos. Compartiendo el placer de saborear la gastronomía del lugar, el paisaje, la cultura, las gentes y claro está la compañía. 

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Algo frenó la mano cuando quiso encontrarse con el calor de la lana del bolsillo. Reconoció rápidamente la textura de un papel que se deslizó con premura hacia el interior del bolsillo. Pensó que sería alguna nota olvidada.

La sacó del fondo y la miró, pero no llegó a reconocer la letra. Se extraño. Frunció el ceño como queriendo encontrar respuesta a aquella cuartilla doblada que no reconocía como propia o quizás sería de alguien que le entregó, pero no alcanzaba a recordar ni el motivo, ni el momento. Aquella cuartilla que tenía en sus manos era un extraño y enigmático jeroglífico. Estaba escrita por ambas caras.

En una de ellas estaba escrito lo que parecía una receta de cocina o...  quizás fuese una lista de la compra (rumiaba en su mente extrañada).

También en el lateral superior de esa misma cara de la hoja, estaba adicionalmente apuntado un número de teléfono. Éste era de mayor tamaño que las letras y con diferente color de tinta. El número parecía estar rubricado velozmente, de manera apresurada. Así se podía intuir tanto por la inclinación que presentan los números, como por la impresión de la tinta.

Ésta, la tinta, se había deslizado casi sin pausa sobre la superficie del papel a un ritmo certero y seguro. Lo que desvelaba el buen pulso del escribano. Además,  el último número no se distinguía muy bien. Era muy confusa su forma.  No se veía claro,  más bien, lo tenía que adivinar. Pues más que un número reconocible era un garabato alargado que se estirara hacia el infinito. Dato que confirmaba la premura por escribir aquella serie de números. 

Más enigmático parecía el anverso de aquella hoja. Para su sorpresa, en él, había un texto donde se detallaba muy brevemente y con letra muy pequeña, casi diminuta y con los renglones muy juntos, la biografía de Giuseppe Arcimboldo, como anunciaba el título de la redacción. Era un texto abigarrado casi sin espacios, el horror vacui de la composición.  Más parecía una mancha de color azul sobre papel blanco.- No es extraño (se preguntaba repetidas veces con asombro)

Javier se había detenido en la calle, parado con la mirada fija en el horizonte y la mano extendida suspendiendo aquel trozo de papel enigmático. En su cabeza pasaron mil ideas a la vez y ninguna le daba un sentido o coherencia a la situación. Una idea, ante todas las posibilidades, cobró mayor relevancia afirmando con clarividencia en su mente. -  Tiene que ser del chico del metro, no hay duda.

De este modo, recordó lo anecdótico de la situación vivida en el vagón del metro. Refrescó su memoria con la tímida sonrisa de aquel chico. -¡Tal vez la eche de menos!, pensó. La voz de aquel extraño volvió a reproducirse en su mente con las mismas palabras de la despedida. -Gracias, muy amable. Esta es mi parada, tengo que bajar.

El rostro de Javier se relajó. Mostró una sonrisa complaciente al resolver aquel misterio. Comprendió que aquella hoja de papel escrita se había quedado inicialmente prendida en el borde de su bolsillo. Pero con el movimiento y el contacto de su brazo se encajó, entrando dentro de su bolsillo como una carta en un buzón. 

Pensó en tirarla en la próxima papelera del paseo, pero rectificó y decidió guardarla como amuleto de la suerte para aquel día. No es que creyera en esas cosas de la magia, cábalas y supersticiones, pero le invadió una emoción de afecto por aquel extraño. 

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... ¿Casualidad? ¿Destino? las vidas de Sergio y Javier se cruzaron impredeciblemente en aquel momento. ¿Quién no ha vivido una  de estas situaciones alguna vez?. A la memoria de Javier llegaron inmediatamente conversaciones anteriores que había tenido con desconocidos mientras  esperaba pacientemente un vuelo, o  mientras descansaba sentado en un parque, o en la cola de un supermercado haciendo la compra o mientras esperan su turno en la sala del  médico. Siempre se te  queda grabada como una huella alguna de las frases, consejos, comentarios o palabras de estos aparecidos inesperados anónimos que además, nunca más vuelves a ver y que les deseas  que todo les vaya bien en la vida.  

Algunas personas afirman que nacemos con una ruta de vida asignada y con un designio ya definido. Yo más bien creo en la casualidad, como un fenómeno azaroso dentro de la normalidad de la vida. No tiene mayor relevancia que la coincidencia fortuita de dos o varios elementos en unas coordenadas similares de  espacio y tiempo. Lo importante de dicha circunstancia fortuita es si es  saludable o nó para nuestra experiencia vital. 

Javier era muy tajante en sus convicciones con respecto a estos temas. Su criterio lo fundamentaba en creer que el destino no podía ser tan egoísta y no permitirnos tener la libertad de ser los forjadores de nuestros caminos. Entonces, ¿no somos nosotros los protagonistas en descubrir los secretos de nuestros mundos? ¿no somos tampoco los fundadores  de  diferentes rutas para nuestro viaje vital?... si todo está designado, si no hay espacio o licencia para la autonomía, entonces ¿qué somos?, ¿quién y por qué nos dirigen?. Si es así; no queda otra forma que rebelarnos ante tal astucia absolutista por parte del destino. ¡Quiero ser libre para elegir!. Claro que no hablaba de las casualidades ya organizadas, amañadas y/o  predeterminadas por terceros con algún fin o beneficio. Claramente hablaba de lo fortuito.

Por todo ello no consideraba certero pensar en el destino como algo escrito y predecible. La cartomancia y otras artes mágicas le despertaban curiosidad e intriga, pero no pasaba de ser más que un deleite placentero y morboso. Un placebo para sus oídos. Pues la ilusión es la motivación que origina el binomio de: "los pensamientos positivos serán la base de tus acciones positivas" y ésto sí, le servía en su día a día. Adicionalmente le encontraba  sentido y utilidad a la frase. Lo practicaba siempre que se bajoneaba o se alteraba por algún motivo. Finalmente tienes que relativizar las cosas y siempre puedes cambiar o mejorar el curso de los acontecimientos, ¿por qué perder tanto el tiempo en cosas fútiles y negativas?   . Tenemos que creer en nuestra felicidad y en la fuerza de la emoción. Pues cuanto más fuerte es la emoción, mayor  es la magia de los acontecimientos.

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Patricia estaba esperando tranquilamente en la puerta de la biblioteca. Sentía apetito allí, parada frente a la cafetería. Observaba con gran interés la pizarra donde se anunciaba el menú del día. Su boca empezó a saborear ficticiamente los distintos platos que lo componía. Su estómago rugió anunciando la necesidad de alimentarse. Miraba su reloj de pulsera cuando alzó la vista, y pudo ver como se acercaba su amigo Sergio.

Sergio la iba saludando con la mano que tenía libre, pues tenía ocupada la otra, sujetando el teléfono mientras hablaba. No dejó de saludarla cariñosamente desde que la vio entrando por la calle. Habían quedado para almorzar juntos. Decidieron almorzar algo ligero e ir después a la biblioteca pública. Pues una comida copiosa puede ser un freno para  la concentración en el trabajo. Puede llevarte fácilmente al sueño, a encontrar un motivo que te evada y finalmente procrastines. 

También hay que decir que no todo era trabajo pues siempre hay un momento para el chisme y ponerse al día. Siempre había esos divertidos momentos entre aquellos viejos amigos. 

viernes, 15 de enero de 2021

El Silencio del Tiempo



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"El silencio del tiempo"


-¡Tierra trágame !-

Se acomodaron como pudieron todos los viajeros en el vagón de la línea 10. El tren comenzó su marcha tras el silbido y el cierre automático de las puertas mecánicas. Ya no había chance para los últimos pasajeros que llegaron al andén. Aunque éstos, intentan sin éxito abrir los cierres de las puertas. Tendrán que esperar resignadamente la llegada del próximo tren. Entre los resoplidos y los aspavientos de sus brazos, con la mirada decepcionada frente a la inexpresividad del que está dentro del vagón, al otro lado del cristal. 

Aquella mañana de lunes, de finales de otoño,  estaba siendo un poco más de frío de lo que habitualmente que habían sido en los anteriores  días, sobre todo en el pasado fin de semana.

Sólo en pensar en la proximidad del invierno hace que también sientas más baja la temperatura ambiental.  Además, tampoco no ayuda nada recordar que, los días son más cortos o que tienes que cubrirte tanto, que no sabes si debajo de tanta ropa hay o nó una persona. Todo suma para no querer que llegue el invierno o quizás es mejor pensar en positivo anhelando con felicidad que, pase la estación fría lo más rápido posible. Para poder así nuevamente disfrutar de las noches blancas del verano.

Pero el tiempo no lo podemos detener. Aún no tiene la Humanidad la dicha de poder controlarlo, manteniéndose libre y salvaje. Él sigue su camino en silencio y sin pausa, poco a poco... camina de puntillas para no hacer ruido y así de repente te sorprende... ¡paso! y ni te enteraste.  Pero todo tiene un sentido en la vida, entenderlo es un aprendizaje.

Además  también hay que decir que hay gente que contrariamente a Sergio ama los inviernos. Así es la diversidad del mundo en el que siempre hemos vivido. Quizás si hay tres cosas que sí rescato del invierno y estás son: los paisajes nevados, el chocolate caliente y la Navidad.  

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El silencio del zigzagueante vagón se interrumpió con la melodía típica de un terminal de aeropuerto que, seguidamente, anunció la próxima parada con una voz artificial masculina, suave y educada, propia de una computadora que quiere ganar la calidez de la voz humana.

A la par e insistentemente, el teléfono de Sergio no dejó de sonar escandalosamente repetidas veces, casi sin descanso.

-¿Quién sería tan temprano? (pensó...).

No dejaba de timbrar, mientras, avergonzado por la situación, lo intentaba alcanzar con la mano libre que le quedaba. Lo buscaba con desesperación dentro del bolsillo del abrigo que llevaba aquella mañana. Se soltó del asidero en el que se había acoplado como un mejillón a la roca húmeda. Lo cual no era fácil entre aquella maraña de cuerpos, accesorios y miradas justicieras que le rodeaban. Así que resignado, suspiró esbozando una tímida y pudorosa  sonrisa propia de un stand de feria aburrida.

Optó por dejarlo sonar hasta el final y no incomodar más a los pasajeros puesto que, no estaban siendo  muy colaborativos. Pero el teléfono seguía insistiendo reclamando su atención, como el llanto desconsolado de un bebé que irrumpe en la calmada y dormida noche, despertando a todos los vecinos del condominio mientras intentan apuradamente encontrarle consuelo.

Notó el calor de sus mejillas cuando miraba, aparentemente, con desinterés pero abochornado, el techo del vagón. Estaba tenso tras el sonrojo y las miradas fijas que se cernían sobre él, apuntándole codiciosamente. Mientras en su mente dialogaba consigo mismo con decisión y cierta curiosidad.

-quien sea volverá a llamar si es importante.  Si llegase a insistir más... no me quedará más  remedio que volver a intentarlo.  Mi oportunidad será en la próxima estación, mientras bajan y suben los pasajeros. Tengo que buscar el momento adecuado para que no se incomoden más. 

fijó rápidamente la mirada en la pantalla informativa que anunciaba el tiempo estimado para llegar a la siguiente parada. Esa sería su oportunidad.

Pero su premonición no fue muy acertada, pues si; bajaron pasajeros, pero de igual modo subieron unos tantos, ocupando los espacios vacíos que quedaron. Volviéndose así a encajarse como en un puzzle.

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Acertó ver un pequeño hueco libre junto a la puerta. Se deslizó pudorosamente como una lagartija torpe entre los empujones y las disculpas del caso... Por fin se ubicó en él.

Suspiró profundamente mientras examinaba su imagen en el cristal oscuro de la puerta. El tren inesperadamente se zarandeó, perdió el equilibrio e intentó asirse de algún modo, pero fue en vano cuando sintió caer la documentación que portaba encima y que había custodiado militarmente tan firmemente. Todas las notas y apuntes, junto con el borrador en el que, había estado trabajando todo el fin de semana, ahora estaba esparcido por el suelo del vagón. La documentación cayó en cascada alocadamente por el piso como si fueran las monedas desbocadas de un premio ganador de la máquina de un casino.

- ¡perdón! Lo siento …

Alcanzaba a decir recolectando las hojas sin levantar la mirada del suelo. No quería mirar sus caras de pura vergüenza en aquella situación embarazosa. los pasajeros sólo se dedicaron a mirar al suelo y mover ligeramente las piernas como si ya ayudaran mucho flexionando la rodilla o retirando ligeramente los pies para no pisar las hojas. Cuando ya tenía casi todo en su poder, volaron nuevamente los papeles, tras asustarse con el sonido del teléfono que, volvió a insistir tercamente. Esta vez volaron por encima de las cabezas de los pasajeros. El vagón quedó enmudecido cuando Sergio gritó con un rotundo, estresante y contundente: ¡ya! ¡ya basta! Levantando los brazos como si de una detención policial se tratase.

Ya, lo que anteriormente eran miradas de censura,  ahora eran risas y empatía. Los pasajeros comenzaron solidariamente ayudarle recogiendo ahora sí, las hojas con una sonrisa de complicidad y afecto. Mientras Sergio las iba recibiendo con un gesto más grato, más calmado, con un cordial y susurrante perdón. 

El último perdón se lo dirigió al pasajero que tenía a su derecha y quizás al que más le había incomodado. Éste le alcanzó a decir:

-¡Vaya manera de empezar la mañana! (Con afabilidad) 

Mientras le entregaba sonrientemente las últimas hojas que se habían posado bruscamente alrededor de sus pies. El tren frenó. Las puertas mecánicas se deslizaron abriéndose completamente, entrando  el aire fresco en el vagón y  tímidamente, Sergio, pudo decir al pasajero:

-Gracias, muy amable. Esta es mi parada, tengo que bajar

Sonrió y con un cordial ¡adiós!, concluyó la frase a modo de despedida.     








jueves, 7 de enero de 2021

El Silencio del Tiempo


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"El silencio del tiempo" 


-Sergio- 

 

Sergio estaba parado en el andén n°1 de la estación Príncipe Pío, esperando su tren como cada mañana. Miraba a su alrededor atento a los movimientos invasivos que se producían dentro de su perímetro vital, que cada vez era más reducido. Aprovechaba estos momentos para observar a los pasajeros, que como él, también esperaban un tren que, les llevará a sus destinos. Cada vez era más asfixiante la situación y el espacio que, se iba empequeñeciendo según el transcurría el tiempo. Circunstancia propia del transporte en hora punta. Los pasajeros formaban una masa cada vez  más compacta y apretada, frente a lo que se estimaba que serían las puertas de acceso al vagón, ahora imaginario.

Mientras todo esto sucedía no dejaba de pensar en lo relevante del comportamiento ciudadano para mantener el orden, los protocolos de urbanidad y todo ese lenguaje de normas no escritas pero que todos entienden y actúan del mismo modo empático y solidario. Aunque siempre hay un roto para un descosido en este catálogo de fauna urbana madrugadora y sorprendente.

Pasajeros comprometidos en llegar puntual a sus destinos tales como el trabajo, hacer las compras del día, los eternos papeleos burocráticos, las citas médicas, llevar los niños al colegio, los inquietos estudiantes, los universitarios repasando sus apuntes... jóvenes y mayores, mujeres y hombres, altos, rubias, gorditos, flaquitos, morenos, blancos, asiáticos... todos formando la línea de salida del maratoniano y estresante día en la gran ciudad.

Algunos de ellos miraban detenidamente la información que ofrecían las pantallas del andén y los coloridos e instructivos paneles del Metro, justificando interés, pero, en realidad sus miradas reflejaban el vacío de su mente aún virgen a los estímulos de la mañana, rechazando despertar de su letargo. Otros buceaban en sus teléfonos. También siempre hay alguien con sus audífonos entretenido con su música y moviendo con silencio alguna extremidad a ritmo que marque las melodías que sólo escucha él. También estaban los lectores con su mano a modo de atril improvisado y su cuello casi curvo, afilando sus pupilas. Los lectores de periódicos, así como los que hacen crucigramas y sudokus  ya están en vías de extinción, también las tejedoras de gorros y bufandas. Todo va cambiando con los tiempos. 

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Sergio distraía su tiempo jugando en lo que él mismo llamó "El juego Maya". Su nombre no se debe porque esté relacionado con la civilización mesoamericana. No, al contrario... algo se  podría decir  como más banal y sencillo. Lo denominó así específicamente en homenaje a una las animaciones televisivas más populares de la segunda mitad de los años 70 y cuya protagonista era una abeja con este peculiar nombre. Nos hacía pasar buenas tardes con sus aventuras en el bosque recolectando el polen para fabricar la deseada y dulce miel.

Para él, todos pertenecemos a una determinada colmena. Entendía que somos miembros de un enjambre ordenado y obrero, donde cada uno tiene su función. Pero también consideraba que es saludable que exista una revolución que forme una nueva colmena diferente a la anterior pero, con unos cimientos sólidos y estables que nos hagan caminar hacia el futuro sin perder la perspectiva de la historia vivida y algunas veces olvidada y lamentablemente repetida. Hasta en nosotros mismos. ¿Cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra? ¿Por qué no nos dedicamos un tiempo a nosotros mismos a reflexionar y analizar lo que nos sucede? ¿Por qué seguimos guiándonos en la intuición, la expectativa, el instinto, el sexto sentido o como desees llamarlo... perdiendo la objetividad de los hechos?.

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El juego Maya consistía en clasificar en subgrupos a los diferentes pasajeros según las especificaciones y características que él mismo había determinado. Estaban los Nómadas, los Peregrinos, los Palmeros. los Cruzados, los Desfilantes, los Errabundos, los Ambulantes, los circulantes, etc... todos con la misma cualidad en común  todos caminaban. 

Hay caminantes apurados, distraídos, caminantes vacíos, amantes, compradores, etc. al final todos nos reconocemos como uno de ellos, no podemos evitarlo, hasta los antisociales individualistas y no alineados a la norma, anarquistas de la vida, tienen su grupo.

Sergio descubrió  que esta forma de jugar le entretenía y se pasaban rápido los tediosos tiempos de espera. Los observaba detenidamente, rastreaba  como un sabueso con su mirada sus complementos, sus accesorios, las posturas, los gestos y todo tipo de conducta o elemento distintivo que fuera dar con una pista que descifrara el código sobre su personalidad y que ayudará en la clasificación del subgrupo o rango. En ocasiones lo apuntaba en libretas sobre columnas a modo de tablas. Su crucigrama perfecto, en otras ideaba sus vidas, lo que dejaba libre su naturaleza inventiva, libre y ensoñadora. 

La naturaleza mantiene un código de orden, solía decir, no podemos huir de la matemática de la vida. El por qué y hacia dónde vamos, es otro tema, concluía. Dejando siempre la conversación abierta a todo tipo de teorías.

Llegó el tan esperado tren. Sergio subió al mismo empujado por la masa de caminantes somnolientos que se apretaban aún más para poder ingresar en un vagón ya  lleno de pasajeros apiñados. Algunos de ellos escondidos tras los cristales oscuros de unas gafas inútiles o móviles que iluminaban los rostros de algún caminante dependiente de la realidad virtual, donde son protagonistas de mundos imaginarios y frívolos. Los mirones y los cotillas aburridos también estaban. Ya queda menos para llegar al destino, primera etapa concluida, pensó,  mientras se amoldaba a los huecos que dejaron los pasajeros una vez dentro del vagón. Siguiente parada ... 






 


martes, 29 de diciembre de 2020

El Silencio del Tiempo

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“El silencio del tiempo” 





 -Javier-

Era una tranquila y silenciosa tarde de domingo de aquel inacabado otoño del 2019. Madrid en estas fechas es realmente bello. La temperatura es ideal. Los jardines y los paseos son frescos, el transcurso de la cotidianidad aún es lento, las personas nos resistimos al cambio estacional, al estrés y al frío del invierno. Son bonitos los atardeceres rojizos que se mimetizan armoniosamente con el ladrillo y el granito las fachadas castizas. Subrayando y profundizando en los colores ocres y marrones tan característicos de esta estación del año.

Los fines de semana del mes de octubre eran sencillamente deliciosos para Javier. Disfrutaba de su apartamento remodelado en el barrio Justicia, frente al parque de París. Permanecía recostado y somnoliento en el sofá de su sala deleitándose con un último expreso humeante del día. Quizás le costaría dormir,  pero no le importaba, pues sabía que sería el precio que tendría que pagar por su satisfacción hedonista. Así, simplemente ... dejaba pasar aquel lento día, sin otro propósito que vagabundear por la casa y calentar su rostro con los últimos rayos de sol tras el cristal del ventanal de la sala. Observando ensimismado el tiempo y la vida desde su terrario.

Javier jugaba estirando sus piernas perezosamente mientras volvía a enredarlas entre las frazadas que, bailaban por el sofá seduciendo coquetamente a su pijama, del cual aún no se había desprendido. 

Se esforzaba diariamente en largas jornadas de trabajo, donde el horario no era un limitante. Amaba su trabajo en el estudio de arquitectura pero también deseaba tener estos espacios de ocio donde sólo transcurría el silencio del tiempo.

Ahora su conocimiento y dedicación al dibujo se transmitía en sus dedos definiendo espirales en su cabello. Enrollando sus mechones de pelo en su dedo con movimientos rítmicos y repetitivos. Como si quisiera relajar sus ideas con un simple baile concéntrico, a modo de Chotis, o quizás jugando a  querer atrapar los pensamientos que se sigilosamente se fugaban de su cabeza dejando a su mente huérfana, en blanco, ausente a los estímulos del entorno. Sólo, fijaba su mirada en la abstracción del horizonte que observaba desde su atalaya. Las antenas, azoteas y tejados de una arquitectura urbana ecléctica que se fundía poéticamente sobre el telón brumoso de un atardecer cobrizo. Un espectáculo para los sentidos. Parpadeó instintivamente esbozando una sonrisa placentera en sus pupilas. La única compañía que tuvo en aquellos momentos de abstracción contemplativa fue la pereza y la soledad buscada. 

 

Se incorporó esta vez enérgicamente  y caminó hasta el frigorífico mientras encendía el televisor. Se preparó un sándwich mixto escuchando las noticias. Su cerebro le ubicó rápidamente en la cotidianidad de su  trabajo, las tareas pendientes, los documentos a revisar, reuniones, el desarrollo de nuevos proyectos, etc. Inició una lista en su cabeza de tareas para la mañana . Aquel oasis de domingo se estaba diluyendo como el azúcar que se había servido en el café que había tomado.


Para Javier el trabajo no era un problema, formaba parte de él. Había encontrado su vocación y se sentía afortunado viviendo al máximo su pasión por la arquitectura. Para él era frecuente olvidar los horarios, los almuerzos, las cañas con amigos, etc, hasta aislarse irremediablemente por momentos del mundo cuando iniciaba un nuevo proyecto. Algunas veces con las prisas y el despiste descuidaba la combinación de los colores, texturas o la temporalidad de sus outfits. Estas peculiaridades le dotaba con una imagen de dulce atractivo, simpatía y cercanía. Cosa que su madre, siempre elegante y dotada de carisma, le aconsejaba o intentaba corregir.


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No faltaba en las reuniones familiares los comentarios de su madre a modo de asesoría o llamada de atención en algunas ocasiones. Pero siempre con su sonrisa perfecta, su tono de voz agradable y pausado e imagen impecable.

Eres un diamante en bruto, cariño... siempre andas descuidado, ¿no sé a quién saliste? a tu padre seguro (decía mientras sonreía). Debes atender más a estos detalles, la imagen es importante en la vida y en el trabajo, para uno mismo y para los demás. 

¡Además!, ¿nunca sabes dónde puede aparecer la oportunidad de conocer a alguien? (terminaba con una suave caricia en la mejilla) o ¡puede que esté frente a ti! y huya cuando te vea (seguía sonriendo, mientras  le decía susurrando al oído y abrazándolo con cariño maternal con sus palabras dulces y seguras). 

¡Hijo! sabes que deseo lo mejor para ti. Me preocupas, eres mi último hijo soltero. No quiero que estés sólo. Prometeme que te cuidarás y me harás caso - le decía acomodando su cabello con sus manos-

Miró pausadamente las rayas del pantalón de su pijama y con la mano acercó el sandwich para dar un nuevo bocado mientras recordaba sonriendo estas frases de su querida madre y con un pequeño suspiro su mente le preguntó:

¿cuándo fue la última vez que conociste a alguien ?

Recuperó el oído y bajó de aquella ensoñación escuchando la noticia de los informativos sobre el último  movimiento sísmico registrado en Perú. El cinturón de fuego había estado agitado aquel fin de semana. Se concentró nuevamente en la televisión queriendo saber más de la noticia cuando se quedó dormido en el sofá. 

jueves, 3 de diciembre de 2020


Hace bastante tiempo que no escribo unas líneas en este blog y sentía ya la necesidad de volver a retomar el hábito. Son muchas las cosas que me han sucedido en este periodo de silencio escrito y que se suman al coctel de mi vida. Son experiencias de todo tipo, como debe ser. Así sean malas o buenas siempre serán bien recibidas, pues todo es un aprendizaje. 

Reflexiono sobre lo anecdótico de lo que yo llamo " el pensamiento  sorpresa" . Siento cierta curiosidad en el proceso de como nuestra mente viaja hasta llegar a conectar con el pasado más lejano. Basta un libro, una película, una canción o simplemente una imagen para que la llave del cajón del ayer se gire y  muestre lo olvidado en el presente. 

Liberada ya sor Pandora de la Cruz, de la celda de clausura, es imposible controlarla y devolverla a su lugar. Pues ahora el mensaje corre veloz de neurona a neurona, como en una carrera de relevos, concatenando en una espiral de flujo de información rescatada del almacén de nuestro cerebro, irremediablemente rápido y sin censura. 

Hablo del pensamiento sorpresa porque no es buscado, sale de la nada como por generación espontánea. Además, no es justo y hasta es de mala educación que aparezca de la nada, sin previo aviso, en el momento más inesperado, cuando tu mente se quedó en blanco inexplicablemente, que hasta se te olvidó la acción que ibas hacer en ese momento, segundos inmóviles, fracciones de tiempo en el vacío.

Es tan molesto como cuando te apoyas en una pared recién encalada sin leer el cartel de advertencia  y te manchas inconscientemente. O cuando paseando acompañado de tus ideas rumiantes recibes el saludo de algún despistado pájaro con indigestión. 

Aún así hago balance, repaso mental, interpreto mi estado de cuenta, consolido la lista de lo bueno y o malo, y, asombrosamente me cuesta ... me esfuerzo pero... mnnnn... me cuesta recordar lo malo. Soy afortunado, así me siento y "doy gracias a la vida por haberme dado tanto."

Aquellos momentos, las personas, los comentarios y las actitudes que me hicieron sufrir, llorar desconsoladamente horas y noches, fumar, beber y otros malos hábitos que por pudor no las voy a mencionar ... de todo eso ya no queda nada, tan sólo una pequeña sombra de lo que fue.

De ese dolor ya no queda nada, absolutamente nada, ni el más mínimo sentimiento de culpabilidad, rencor o rabia, etc. nada de nada. Me gusta quedarme con lo bueno, y si no lo encuentro lo inventaría. Hoy escribo porque me siento bien, pleno y satisfecho. 

Y así, de este modo, Sor Pandora volvió al cajón de clausura del ayer, a sus oraciones y al recogimiento. Volvió por su propia voluntad cuando observó que ya no tenía mucho que reclamar y que ya no era la protagonista del momento. Cabe preguntar ¿hasta cuándo?... no lo sé, pero espero que pase tiempo. Sólo ella sabe cuando reaparecerá por sorpresa. Pero estaré allí, aguerrido y estoico, fuerte para recibirla, con la seguridad que me quedó en lo aprendido. 

lunes, 28 de mayo de 2018


UN SUSTO EN LA NOCHE…

Despertó entre sueños en el silencio del crepúsculo y con el cuerpo anudado con las sabanas. Se encontraba estrangulado e inerte por aquella boa de algodón blanco. Así,  vendado como  una momia egipcia, y confundido,  intentó liberarse de aquel tejido constrictor que le inmovilizaba. Pataleaba y retorcía su cuerpo buscando zafarse de aquel asfixiante abrazo nocturno. En la desesperación casi se cae de la cama. El sudor dificultaba aún más la operación de salvamento pues,  se adhería aún más la tela al cuerpo como si  fuese un adhesivo. Asustado  y entumecido pensaba…

-          -  solo necesito  respirar profundamente y relajarme. ¡Tranquilo!, esbozó.

 Se aterró aún más cuando en uno de sus serpenteantes quiebros reconoció una extraña figura.  Una fina y fantasmal  sombra que emergía de la oscuridad.  Allí, quieta en la puerta del cuarto.  Vigilante le acechaba  con una mirada felina dispuesta a cazar. La sombra sin nombre, se alargaba infinita hasta el techo donde doblaba su espectral  cuello, adaptándose a los muros del cuarto.
Temeroso  no tardó  en buscar el interruptor de la vieja lámpara de hierro. Su respiración era cada vez más rítmica y acelerada. En su angustia temblorosa dejó de ver a la sombra… Sus ojos entonces expresaron un grito de terror mudo y su corazón comenzó a bombear más deprisa, cada vez más rápido.  Aquella sombra misteriosa se había mimetizado camaleónicamente en la pared del dormitorio, disfrazada ya no se distinguía con claridad... aturdido interrogaba a su mente:

-          -  ¿dónde está? ¿Dónde? - mientras chequeaba con la mirada el cuarto

Por mientras sus manos mojadas por el sudor, se resbalaban por filo de la mesilla dificultando así, encontrar el interruptor de la lámpara auxiliar.

-        -   ¡Maldito interruptor, carajo!  … ¡Dios mío! – consiguió decir con un entrecortado susurro.


Por fin prendió la luz y con un enérgico salto se incorporó instantáneamente de la cama. Se deshizo de aquella tela de araña, que le aprisionaba y con un brusco movimiento que, casi rasga la cobija, se liberó. Se encontró allí, parado, con la respiración entrecortada aún y con los brazos abiertos, desafiando el  peligro. Barrió con la mirada nuevamente el cuarto y se dio cuenta que estaba solo. Solo en el aquella habitación de paredes desconchadas cuyo paso del tiempo y el clima extremadamente húmedo no había tenido piedad con él. Aquel hotelito  que en su inauguración, seguramente habría sido una “tacita de plata”… ahora, hoy en día, no era ni la sombra. ¡Qué despiadado puede llegar a ser el abandono!  Este hotel  era un vagabundo de adobe y quincha que se resistía a la marginación de las desconsideradas y engreídas construcciones de concreto que, estaban cambiando la fisonomía del bohemio distrito de Barranco.

-         -  ¡Qué ironía!- pensaba  Gabriel, dibujando ya una calmada sonrisa en su rostro. 
 
Todavía se encontraba tembloroso cuando se dispuso valientemente a registrar la habitación. Movió los pocos enseres que había en el cuarto.  Miró debajo de la cama, detrás de las cortinas y el armario, hasta despegó la imagen bucólica del calendario que colgaba en la pared a modo de cuadro. Mientras en su cabeza seguía resonando como un eco las palabras que aquella señora extraña le había dicho  cuando tropezó  frente a la biblioteca de la plaza de armas.

-         -  cuídate de la sombra que en las noches szzss  te visite. No mires sus ojos szzss  y no te acerques  a ella… pues szzs,  te mostrará cosas feas szzs,  que nunca olvidarás szzss.



Sereno y agotado se sentó  en el borde de la cama deslizando suavemente su cuerpo hacia atrás. Dejándose caer por la inercia, como un contrapeso a cámara lenta. Terminó tumbándose  boca arriba. Su mente se quedó por un instante en blanco. Se distrajo por un momento,  centrando su atención en los reflejos que la luz proyectaba en las lágrimas del cristal polvoriento de la lámpara. El vidrio era ya amarillo por el  paso del tiempo, como los dientes de un desamparado anciano.  Entonces nuevamente resonó en su mente el susurro silvino y zigzeante de aquella misteriosa  señora con quien tropezó casualmente en la tarde del domingo, frente a la biblioteca. Dejándole un frío helador en el cuerpo como, el recuerdo de una herida sin curar, o el filo cortante de un cuchillo que inesperadamente te rebana la piel.

-        -  ¿Quién vino a visitarme? – se interrogaba Gabriel

lunes, 2 de abril de 2018



Palpo dentro de mí,  entre pátinas y pavón, aquello que guardo con temor de celoso y sonoro mutismo. Saco, doblo, fuerzo y retuerzo en una espiral primigenia hasta poder extraer las gotas de un aliento que deje de lastimar mi sentido y afligida materia.
Llevo en mis manos el tarot de una esencia vivencial que multiplico y replico en constante movimiento,  mientras busco una salida. Así como un nuevo Teseo que halla la verdad del misterioso y bello monstruo concebido en el humilde taller de un artesano.
Busco la paz como el agua que calma al sediento moribundo que suplica vehemencia en las calles de la memoria. Una limosna para este caminante de ojos secos y pérdida mirada.


Bella princesa de Minos… revélame ya el hilo de plata que me permita salir de este eterno déjà vu.  Laberinto de soledad y culpa en el cual me encuentro desolado.  Me reconozco como  el triste penitente  que en las noches frías de Santos, pisa descalzo los adoquines  húmedos  que dejaron las lluvias de marzo. Regadas aún de lenguas apenadas de cirios  que procesionaron  en la madrugada entre mantillas y silencio.
A veces me pregunto el porqué de este desfiladero  enlutado de arena y sal… Más yo solo quiero ya, ser  aquel desierto que  sueña con ser marinero y poder besar la Mar.


Aguas mil llegarán e inundarán las cavernas cinceladas en este tiempo prestado. Vuelan ya  alegres las palomas entre los verdes y abriles olivos del sembrado. Campos nobles de hidalguía y praderas de bonanzas y vida.
Saboreo el amor de panela, chancaca y miel de risas que acarician mi espíritu joven. Me caliento al sol de las mañanas frescas que leo en el contorno de tus ojos. Tiemblo emocionado con la ilusión de un niño en la noche de reyes esperando el cobijo de tus brazos de hogar y tierna voz.
Aroma a café y besos de suculento mango repican en el umbral de nuestras vidas.
Tumbar ya las cancelas y los portones de estas casas sin ventanas. ¡Déjenla pasar!… Aliento y grito, mientras veo venir las carretas de marfil y oro cantando gloria por los jardines de felicidad verdadera.

No dejes de soñar nunca porque,  para crecer, uno tiene que hospedarse en el mundo de la fantasía y el deseo.
No renuncies a la inocencia y pureza de la niñez
No dejes que te lastimen porque en el amor y el perdón está la verdad.
Naciste para ser original nunca lo olvides.

miércoles, 14 de marzo de 2018





Pasan los días y aun la recuerdo en su lucha aquel día zombi de asfixiante calor. 
Tome el carro y mientras subía escuche tu tímida voz pero, no entendí bien el mensaje. Centré egoístamente la atención en ubicar un sitio libre donde sentarme.
Rompí filas abriéndome paso por  aquel bosque de sudorosos e inertes cuerpos  que como yo, regresábamos de trabajar. Jornaleros mudos y esclavos de la manada. Vagabundos anónimos buscando el cobijo del descanso.  Recuerdo así cuando tropecé  finalmente con tu mirada curiosa y despierta frente a mí. Quizás la vida lo quiso así.

Observé interesado como  tus manos de canela  deseaban amarrar con  anhelo, los soplos que la vida te va dando, mientras se  disipan y acortan en la bruma de esta rutina oxidante. Herrumbre gris de concreto y acero, hierros torcidos. Inhóspita y fría realidad.
No, para ti no había pena ni tristeza si no mucha dignidad y un gran respeto por quien expresa tanto amor y valentía.

Sigue haciendo mucho calor…

Brillabas como el lucero de la mañana en el  apenado Tártaro con tu singular belleza caraqueña.  Original  flor de vainilla, solitaria y delicada. Tu fuerza desafía la frontera en las  dunas de la soledad y  el olvido.
Siento como arde la pista, besa y anuda con celo a la inquietante cotidianidad que estresa y destruye, consume sin piedad. Hoguera de vanidades y narcisistas pasajeros en este viaje sin boleto de retorno, sin paradero. Así sin pudor ni vergüenza, altiva y sifrina va ganando nuestro mayor tesoro… el tiempo.

El sol abrasador se filtra por el transparente y sucio cristal, quema…

Te observé admirado tu frágil serenidad y la dulzura de tu voz sincera. Heroica amazona con sonrisa de verde primavera. Me enseñaste el sentido primario de la vida. La solidaridad como bandera y la nobleza de la humanidad.  Son tus Labios pálidos de papelón  y fresa los que me abrieron la puerta de la existencia. Tus huesos hablan de batallas por ganar. Dialogan sobre la incertidumbre que llega y el viaje que iniciaste. Te acompañan el doblar de campanas a duelo  y plañideras de negro vestido en este bitacora que aún no terminó. Me senti un príncipe. Un privilegiado por cruzarme en tu camino, por enseñarme gratuitamente tanto… llego a mi parada y me despido.

Ya no siento calor, solo paz y ganas de escribir,
¡Suerte amiga!

lunes, 26 de febrero de 2018



Siento en mi pecho el peso de aquello que siempre quise decirte y que nunca se dio. En mi llevo escrito las letras de unas cartas olvidadas y el perdón de un peregrino que con poemas cincelados al viento sopla, en asoladas madrugadas abandonando en el recuerdo un mar de limón bravío. El tiempo que perdí en esta isla de arena que se derrumba  ahora, que se ahoga... y  se transmuta en el  sueño sereno de un amanecer cálido y dulce, eterno sol de febrero.

Ya no sé cómo expresar la memoria de una huella de la que ya no quiero nombrar. Deje de ser el acróbata que camina al filo de la Luna sin miedo a caer, sin red,  en el vacío de las sombras y todo por ti, porque te quería.
Ahora giro retozando en la ilusión de una quimera vibrante y plena. Oigo su canto llegar cabalgando por los campos de  trigo verde y de regias amapolas. Canción de utopía con sonrisas de tierno amor que como escriba comienzo a dictar un libro cuyo final aún no sé.
Estará en el comienzo aquella batalla, quizás pérdida que,  cumplirá el destino de un fiel guerrero que empuña la noble espada del aliento,  en  tiempos oscuros  de incertidumbre.
Me dejo querer,  me dejo besar por tus labios de suave melaza de seda. Deslizas ya, tu decidida mano de esculpido griego por mi piel que, te acepta. Tu soplo que cosquillea mi cuello y baja apresuradamente por la excitada espalda dibujando, zigzagueantes caminos de vida.
¡Quiero sentirme vivo aun! ¡Quiero seguir saltando por las escarpadas laderas del destino!
No hay mayor triunfo que la valentía con que afrontamos cada día con la fuerza del amor,  porque éste, en todas sus formas,  mi querido amigo es la llave maestra de este misterio que es la vida.  

sábado, 3 de febrero de 2018


     Permítete acompañarte en tu tiempo querido amigo. Seamos cómplices de este instante perfecto.
Te revelaré alegrías blancas en tus labios de una juventud eterna.
Déjame que te sople murmullos de castillos soñados y pintarte brisas de un verde esperanza.
Compartir contigo la risa y el momento sin banderas ni nación.
Señalaré en el almanaque los recuerdos de un Febrero festivo. Verbenas de sol temprano y pólvora quebrando el azul del cielo. Quiero  que conozcas la memoria de una inocencia escondida.

  Quiero ver que sonríes entre la  palabra y la lectura. Que seas testigo de mi vida escrita.
Quiero hacerte feliz mientras compartimos los momentos de nuestro silencio. Concentrado, alejandonos de la rutina que nos oxida.
Toma mi guía, no temas… y sumérgete conmigo en los océanos de mundos nuevos. La ilusión de nuestra realidad que deseas y  que te mostraré. Vuelve a pintar alegres bulerías en tu tímida sonrisa de puro marfil.
Siempre estaré aquí para contarte leyendas y recuerdos que te hagan vivir.
Tú siempre serás importante para mí.
Quiero complacerte y regalarte guirnaldas de felices encuentros de papel y tinta. Colorearte besos y caricias de sincero respeto.
Seamos el almuerzo de un viajero compartiendo  risas y el calor de un abrazo tierno en las noches sin dormir. Se feliz y no dejes que las lluvias empañen días de San Valentín.

Siempre ame este mes febril, carnal y alegre.
Escrito para ti.
¡Vive!...

-13- “El silencio del tiempo” - Aarón y la Fiesta - Sergio y Patricia estaban acabando ya de almorzar, les faltaba pedir el café  y un postr...