martes, 29 de diciembre de 2020

El Silencio del Tiempo

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“El silencio del tiempo” 





 -Javier-

Era una tranquila y silenciosa tarde de domingo de aquel inacabado otoño del 2019. Madrid en estas fechas es realmente bello. La temperatura es ideal. Los jardines y los paseos son frescos, el transcurso de la cotidianidad aún es lento, las personas nos resistimos al cambio estacional, al estrés y al frío del invierno. Son bonitos los atardeceres rojizos que se mimetizan armoniosamente con el ladrillo y el granito las fachadas castizas. Subrayando y profundizando en los colores ocres y marrones tan característicos de esta estación del año.

Los fines de semana del mes de octubre eran sencillamente deliciosos para Javier. Disfrutaba de su apartamento remodelado en el barrio Justicia, frente al parque de París. Permanecía recostado y somnoliento en el sofá de su sala deleitándose con un último expreso humeante del día. Quizás le costaría dormir,  pero no le importaba, pues sabía que sería el precio que tendría que pagar por su satisfacción hedonista. Así, simplemente ... dejaba pasar aquel lento día, sin otro propósito que vagabundear por la casa y calentar su rostro con los últimos rayos de sol tras el cristal del ventanal de la sala. Observando ensimismado el tiempo y la vida desde su terrario.

Javier jugaba estirando sus piernas perezosamente mientras volvía a enredarlas entre las frazadas que, bailaban por el sofá seduciendo coquetamente a su pijama, del cual aún no se había desprendido. 

Se esforzaba diariamente en largas jornadas de trabajo, donde el horario no era un limitante. Amaba su trabajo en el estudio de arquitectura pero también deseaba tener estos espacios de ocio donde sólo transcurría el silencio del tiempo.

Ahora su conocimiento y dedicación al dibujo se transmitía en sus dedos definiendo espirales en su cabello. Enrollando sus mechones de pelo en su dedo con movimientos rítmicos y repetitivos. Como si quisiera relajar sus ideas con un simple baile concéntrico, a modo de Chotis, o quizás jugando a  querer atrapar los pensamientos que se sigilosamente se fugaban de su cabeza dejando a su mente huérfana, en blanco, ausente a los estímulos del entorno. Sólo, fijaba su mirada en la abstracción del horizonte que observaba desde su atalaya. Las antenas, azoteas y tejados de una arquitectura urbana ecléctica que se fundía poéticamente sobre el telón brumoso de un atardecer cobrizo. Un espectáculo para los sentidos. Parpadeó instintivamente esbozando una sonrisa placentera en sus pupilas. La única compañía que tuvo en aquellos momentos de abstracción contemplativa fue la pereza y la soledad buscada. 

 

Se incorporó esta vez enérgicamente  y caminó hasta el frigorífico mientras encendía el televisor. Se preparó un sándwich mixto escuchando las noticias. Su cerebro le ubicó rápidamente en la cotidianidad de su  trabajo, las tareas pendientes, los documentos a revisar, reuniones, el desarrollo de nuevos proyectos, etc. Inició una lista en su cabeza de tareas para la mañana . Aquel oasis de domingo se estaba diluyendo como el azúcar que se había servido en el café que había tomado.


Para Javier el trabajo no era un problema, formaba parte de él. Había encontrado su vocación y se sentía afortunado viviendo al máximo su pasión por la arquitectura. Para él era frecuente olvidar los horarios, los almuerzos, las cañas con amigos, etc, hasta aislarse irremediablemente por momentos del mundo cuando iniciaba un nuevo proyecto. Algunas veces con las prisas y el despiste descuidaba la combinación de los colores, texturas o la temporalidad de sus outfits. Estas peculiaridades le dotaba con una imagen de dulce atractivo, simpatía y cercanía. Cosa que su madre, siempre elegante y dotada de carisma, le aconsejaba o intentaba corregir.


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No faltaba en las reuniones familiares los comentarios de su madre a modo de asesoría o llamada de atención en algunas ocasiones. Pero siempre con su sonrisa perfecta, su tono de voz agradable y pausado e imagen impecable.

Eres un diamante en bruto, cariño... siempre andas descuidado, ¿no sé a quién saliste? a tu padre seguro (decía mientras sonreía). Debes atender más a estos detalles, la imagen es importante en la vida y en el trabajo, para uno mismo y para los demás. 

¡Además!, ¿nunca sabes dónde puede aparecer la oportunidad de conocer a alguien? (terminaba con una suave caricia en la mejilla) o ¡puede que esté frente a ti! y huya cuando te vea (seguía sonriendo, mientras  le decía susurrando al oído y abrazándolo con cariño maternal con sus palabras dulces y seguras). 

¡Hijo! sabes que deseo lo mejor para ti. Me preocupas, eres mi último hijo soltero. No quiero que estés sólo. Prometeme que te cuidarás y me harás caso - le decía acomodando su cabello con sus manos-

Miró pausadamente las rayas del pantalón de su pijama y con la mano acercó el sandwich para dar un nuevo bocado mientras recordaba sonriendo estas frases de su querida madre y con un pequeño suspiro su mente le preguntó:

¿cuándo fue la última vez que conociste a alguien ?

Recuperó el oído y bajó de aquella ensoñación escuchando la noticia de los informativos sobre el último  movimiento sísmico registrado en Perú. El cinturón de fuego había estado agitado aquel fin de semana. Se concentró nuevamente en la televisión queriendo saber más de la noticia cuando se quedó dormido en el sofá. 

jueves, 3 de diciembre de 2020


Hace bastante tiempo que no escribo unas líneas en este blog y sentía ya la necesidad de volver a retomar el hábito. Son muchas las cosas que me han sucedido en este periodo de silencio escrito y que se suman al coctel de mi vida. Son experiencias de todo tipo, como debe ser. Así sean malas o buenas siempre serán bien recibidas, pues todo es un aprendizaje. 

Reflexiono sobre lo anecdótico de lo que yo llamo " el pensamiento  sorpresa" . Siento cierta curiosidad en el proceso de como nuestra mente viaja hasta llegar a conectar con el pasado más lejano. Basta un libro, una película, una canción o simplemente una imagen para que la llave del cajón del ayer se gire y  muestre lo olvidado en el presente. 

Liberada ya sor Pandora de la Cruz, de la celda de clausura, es imposible controlarla y devolverla a su lugar. Pues ahora el mensaje corre veloz de neurona a neurona, como en una carrera de relevos, concatenando en una espiral de flujo de información rescatada del almacén de nuestro cerebro, irremediablemente rápido y sin censura. 

Hablo del pensamiento sorpresa porque no es buscado, sale de la nada como por generación espontánea. Además, no es justo y hasta es de mala educación que aparezca de la nada, sin previo aviso, en el momento más inesperado, cuando tu mente se quedó en blanco inexplicablemente, que hasta se te olvidó la acción que ibas hacer en ese momento, segundos inmóviles, fracciones de tiempo en el vacío.

Es tan molesto como cuando te apoyas en una pared recién encalada sin leer el cartel de advertencia  y te manchas inconscientemente. O cuando paseando acompañado de tus ideas rumiantes recibes el saludo de algún despistado pájaro con indigestión. 

Aún así hago balance, repaso mental, interpreto mi estado de cuenta, consolido la lista de lo bueno y o malo, y, asombrosamente me cuesta ... me esfuerzo pero... mnnnn... me cuesta recordar lo malo. Soy afortunado, así me siento y "doy gracias a la vida por haberme dado tanto."

Aquellos momentos, las personas, los comentarios y las actitudes que me hicieron sufrir, llorar desconsoladamente horas y noches, fumar, beber y otros malos hábitos que por pudor no las voy a mencionar ... de todo eso ya no queda nada, tan sólo una pequeña sombra de lo que fue.

De ese dolor ya no queda nada, absolutamente nada, ni el más mínimo sentimiento de culpabilidad, rencor o rabia, etc. nada de nada. Me gusta quedarme con lo bueno, y si no lo encuentro lo inventaría. Hoy escribo porque me siento bien, pleno y satisfecho. 

Y así, de este modo, Sor Pandora volvió al cajón de clausura del ayer, a sus oraciones y al recogimiento. Volvió por su propia voluntad cuando observó que ya no tenía mucho que reclamar y que ya no era la protagonista del momento. Cabe preguntar ¿hasta cuándo?... no lo sé, pero espero que pase tiempo. Sólo ella sabe cuando reaparecerá por sorpresa. Pero estaré allí, aguerrido y estoico, fuerte para recibirla, con la seguridad que me quedó en lo aprendido. 

-13- “El silencio del tiempo” - Aarón y la Fiesta - Sergio y Patricia estaban acabando ya de almorzar, les faltaba pedir el café  y un postr...