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-Javier-
Era una tranquila y silenciosa tarde de domingo de aquel inacabado otoño del 2019. Madrid en estas fechas es realmente bello. La temperatura es ideal. Los jardines y los paseos son frescos, el transcurso de la cotidianidad aún es lento, las personas nos resistimos al cambio estacional, al estrés y al frío del invierno. Son bonitos los atardeceres rojizos que se mimetizan armoniosamente con el ladrillo y el granito las fachadas castizas. Subrayando y profundizando en los colores ocres y marrones tan característicos de esta estación del año.
Los fines de semana del mes de octubre eran sencillamente deliciosos para Javier. Disfrutaba de su apartamento remodelado en el barrio Justicia, frente al parque de París. Permanecía recostado y somnoliento en el sofá de su sala deleitándose con un último expreso humeante del día. Quizás le costaría dormir, pero no le importaba, pues sabía que sería el precio que tendría que pagar por su satisfacción hedonista. Así, simplemente ... dejaba pasar aquel lento día, sin otro propósito que vagabundear por la casa y calentar su rostro con los últimos rayos de sol tras el cristal del ventanal de la sala. Observando ensimismado el tiempo y la vida desde su terrario.
Javier jugaba estirando sus piernas perezosamente mientras volvía a enredarlas entre las frazadas que, bailaban por el sofá seduciendo coquetamente a su pijama, del cual aún no se había desprendido.
Se esforzaba diariamente en largas jornadas de trabajo, donde el horario no era un limitante. Amaba su trabajo en el estudio de arquitectura pero también deseaba tener estos espacios de ocio donde sólo transcurría el silencio del tiempo.
Ahora su conocimiento y dedicación al dibujo se transmitía en sus dedos definiendo espirales en su cabello. Enrollando sus mechones de pelo en su dedo con movimientos rítmicos y repetitivos. Como si quisiera relajar sus ideas con un simple baile concéntrico, a modo de Chotis, o quizás jugando a querer atrapar los pensamientos que se sigilosamente se fugaban de su cabeza dejando a su mente huérfana, en blanco, ausente a los estímulos del entorno. Sólo, fijaba su mirada en la abstracción del horizonte que observaba desde su atalaya. Las antenas, azoteas y tejados de una arquitectura urbana ecléctica que se fundía poéticamente sobre el telón brumoso de un atardecer cobrizo. Un espectáculo para los sentidos. Parpadeó instintivamente esbozando una sonrisa placentera en sus pupilas. La única compañía que tuvo en aquellos momentos de abstracción contemplativa fue la pereza y la soledad buscada.
Se incorporó esta vez enérgicamente y caminó hasta el frigorífico mientras encendía el televisor. Se preparó un sándwich mixto escuchando las noticias. Su cerebro le ubicó rápidamente en la cotidianidad de su trabajo, las tareas pendientes, los documentos a revisar, reuniones, el desarrollo de nuevos proyectos, etc. Inició una lista en su cabeza de tareas para la mañana . Aquel oasis de domingo se estaba diluyendo como el azúcar que se había servido en el café que había tomado.
Para Javier el trabajo no era un problema, formaba parte de él. Había encontrado su vocación y se sentía afortunado viviendo al máximo su pasión por la arquitectura. Para él era frecuente olvidar los horarios, los almuerzos, las cañas con amigos, etc, hasta aislarse irremediablemente por momentos del mundo cuando iniciaba un nuevo proyecto. Algunas veces con las prisas y el despiste descuidaba la combinación de los colores, texturas o la temporalidad de sus outfits. Estas peculiaridades le dotaba con una imagen de dulce atractivo, simpatía y cercanía. Cosa que su madre, siempre elegante y dotada de carisma, le aconsejaba o intentaba corregir.
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No faltaba en las reuniones familiares los comentarios de su madre a modo de asesoría o llamada de atención en algunas ocasiones. Pero siempre con su sonrisa perfecta, su tono de voz agradable y pausado e imagen impecable.
Eres un diamante en bruto, cariño... siempre andas descuidado, ¿no sé a quién saliste? a tu padre seguro (decía mientras sonreía). Debes atender más a estos detalles, la imagen es importante en la vida y en el trabajo, para uno mismo y para los demás.
¡Además!, ¿nunca sabes dónde puede aparecer la oportunidad de conocer a alguien? (terminaba con una suave caricia en la mejilla) o ¡puede que esté frente a ti! y huya cuando te vea (seguía sonriendo, mientras le decía susurrando al oído y abrazándolo con cariño maternal con sus palabras dulces y seguras).
¡Hijo! sabes que deseo lo mejor para ti. Me preocupas, eres mi último hijo soltero. No quiero que estés sólo. Prometeme que te cuidarás y me harás caso - le decía acomodando su cabello con sus manos-
Miró pausadamente las rayas del pantalón de su pijama y con la mano acercó el sandwich para dar un nuevo bocado mientras recordaba sonriendo estas frases de su querida madre y con un pequeño suspiro su mente le preguntó:
¿cuándo fue la última vez que conociste a alguien ?
Recuperó el oído y bajó de aquella ensoñación escuchando la noticia de los informativos sobre el último movimiento sísmico registrado en Perú. El cinturón de fuego había estado agitado aquel fin de semana. Se concentró nuevamente en la televisión queriendo saber más de la noticia cuando se quedó dormido en el sofá.
