- Aarón y la Fiesta -
Sergio y Patricia estaban acabando ya de almorzar, les faltaba pedir el café y un postre, como era costumbre.
Un café que no les venía nada mal para activarse y empezar con el trabajo de investigación que les estaba esperando en la biblioteca. Este era el verdadero motivo de su encuentro. Para lo que inicialmente habían quedado.
Durante la comida, entre plato y plato, no faltaron las risas en un ambiente distendido y relajado. Donde el uno al otro se iban quitando las palabras y pisando las frases en interrupciones continuas, por lo que, no cerraban los temas aunque se afanasen en ello. Lo que le daba a la situación un sentido alocado y frenético pero, de mucha fraternidad y respeto. Cosa normal cuando se juntan dos buenos amigos que no paran de lorear. Se conocían tanto que prácticamente se sabían intuitivamente lo que iban a decirse, responder o pensar sobre un tema determinado.
Ellos se habían conocido años atrás cursando la carrera de Historia del Arte. Empataron desde el inicio. Se hicieron inseparables en el tiempo que duraron las clases presenciales en la universidad. No era difícil verlos juntos en los pasillos, en la cafetería, en la biblioteca o sentarse juntos en las aulas, como un matrimonio bien avenido. Donde nunca coincidieron claro está, fue en los baños, muy a su pesar pues en esos espacios íntimos es dónde uno más se sincera. Fueron cómplices y compañeros forjando una bonita amistad. Compartiendo todo tipo de momentos y vivencias que estrecharon más sus lazos personales.
Actualmente estaban por acabar sus estudios en la universidad. Andaban enfrascados en un trabajo de investigación. Donde prácticamente se jugaban gran parte de su nota final de carrera. Era la conclusión a un ciclo en sus vidas que, por diferentes razones, habían comenzado con estos estudios y que terminaría una vez se publicase el trabajo de investigación.
De igual modo se iniciaría nuevamente otro periodo, pero en éste aún ignoramos los detalles. Así es la vida... pasar de uno a otro. La incertidumbre y el miedo natural a lo desconocido se adueñaban de sus conversaciones cuando trataban el tema. Mejor será dejarlo para cuando llegase ese momento.
Por su puesto sus edades era algo superior a la media de sus compañeros de clase. Ésta no era la primera vez que se habían codeado en el mundillo universitario. Ambos ya se habían desarrollado profesionalmente. Los motivos de iniciar este curso académico fueron realmente otros y no los estrictamente laborales, económicos u otros propios de un joven que recién acaba el bachillerato e inicia su andadura en el umbral de la madurez. Este factor común junto a la similitud generacional fueron puntos que les ayudó a conocerse.
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Sergio alzó su mano llamando la atención del camarero. Pidió la cuenta, pues ya no quería demorarse más, el tiempo vuela rápido y aún tenían muchos temas que resolver en la biblioteca.
Aarón entró en la cafetería. Aunque un poco despistado al inicio, no fue motivo suficiente para hacerle mella en aquella seguridad que siempre le acompañaba. Entró firme y erguido como el que camina por el mundo sin miedo.
Él no tardó en localizarlos en la tercera mesa de su derecha, allí, frente al ventanal que daba a la calle. Reconoció rápidamente a Patricia, aunque esta se encontrara sentada de espalda a él. Pero su cabello ondulado recogido en una cola alta y sus hombros menudos, eran inconfundibles.
Patricia sentada frente a Sergio; se entretenía agrupando los restos de migas del mantel con su servilleta mientras sonreía a los comentarios recurrentes de su amigo. En un momento se desconcertó, pues no entendía las señales y gestos que le hacía Sergio. El silencio se hizo protagonista de la situación. Para Sergio, aquel extraño parado frente a la espalda de su amiga era todo un misterio también. Por un momento pensó que podría haber sido una confusión, pues su imagen no era la de un vendedor ambulante o un ratero.
la sorpresa de Patricia fue mayúscula cuando al voltear reconoció a Aarón. No entendía qué hacía él allí. ¿Qué extraña coincidencia?. Le sonrió cortésmente e hizo ademán de levantarse cuando... sin esperar a la invitación protocolaria, Aarón se acomodó en una de las sillas de la mesa que estaba vacía, ubicándose en medio de los dos, como una maya de tenis. Mostró su gran sonrisa y apoyó su atlético brazo encima de la mesa. Aprovechó para saludar amigablemente a Sergio, a quien le extendió su mano.
Aarón era así de decidido, como un marinero que parte hacia el mar abierto, minimizando sus temores bajo una capa de autoconfianza certera. Cuando se decidía hacer algo iba hasta el final, sin atajos. Tenía ese espíritu aventurero que emanaba por toda su piel, intrépido y conquistador. Siempre con una actitud que daba muestras de su solidez y resistencia.
Era característica su voz potente, como la de un locutor de radio y también su carácter enérgico, pero a la vez fácil de llevar. Dulce en la intimidad. Esa ternura que casi nunca enseñas. Sólo para algunos en tu privacidad y confianza. Había aprendido a ser extrovertido y vivaz para enfrentarse a la vida, como una estrategia que además le servía de protección. Como una armadura que cuida con celo algo más sensible y frágil. Como el mascarón de una proa, siempre se dirigía hacia adelante rompiendo el océano, sin mirar atrás ni para tomar impulso.
Era natural de Getxo pero, llevaba ya bastantes años en Madrid. Una vez que terminó sus estudios de Geomática y Topografía en la universidad Politécnica de Madrid. Fue enlazando un trabajo con otro. De este modo, sin querer queriendo, se fue quedando en "La Capital" como le gustaba decir. Pero nunca perdió su acento bilbaíno y siempre que podía se escapaba a escuchar las olas del Cantábrico golpeando con bravura los acantilados rocosos.
- ¿Pero qué haces aquí? Preguntó Patricia alumbrada por aquel encuentro sorpresa.
Patricia se caracteriza por ser ordenada. Le gusta tener el control en su agenda del día. Estas situaciones le desconcertaban un poco a pesar de ser involuntarias y azarosas. No es una persona a la que le guste alterar sus planes y horarios ya predeterminados, pero cuando esto sucedía irremediablemente, tampoco se molestaba. Simplemente se adaptaba al nuevo escenario. Al principio, si tengo que confesarles... que renegaba un poco, pero que después, se dejaba llevar por el momento.
También tengo que decir a su favor que le gustaba romper esporádicamente sus propias normas. Saltándose ocasionalmente las reglas, como excepciones que rompían la norma, porque detestaba sentirse encorsetada con su propio orden.
De vez en cuando se daba unas licencias. Entendía que para tener una vida saludable y alcanzar tus metas, tienes que mantener un cierto orden pero que, también tienes que dejar libre a tu espíritu para que explore otros mundos. Libres de preceptos y pautas. Había aprendido a ser flexible y comprender que las cosas muchas veces no son como quisiéramos, si no como son. Que la libertad del albedrío y la espontaneidad también es son valores importantes.
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Patricia y Aarón mantenían un juego de atracción mutua desde el mismo día en que un amigo en común les había presentado tiempo atrás. Pero nunca llegó a más, tan sólo a unas simples indirectas. No se si era la timidez que ambos tenían en avanzar hacia algo más comprometido, o sencillamente los astros no se habían alineado lo suficiente como para dar les una oportunidad a los dos. Quizás el temor de perder definitivamente lo que tenían hacía que no se aventurasen a algo más. A pesar de la valentía y lo audaz de la actitud de Aarón, si sentía que Patricia era una excepción para él.
Patricia nunca quiso reconocer que se sentía atraída por Aarón. ¿Quién no, ante aquel osado Apolo? con aquella irresistible imagen de Indiana Jones en la ciudad. Además, ella estaba cansada de terminar siempre sufriendo por aquellos conquistadores que te enamoraban en un principio y que luego te dejaban por miedo al compromiso, o porque se daban cuenta que no eras lo que buscaban, o porque quizás ya no sentían lo mismo, o porque ya habían conseguido lo que querían; sexo disfrazándolo de amor verdadero... ya no recuerdo cuántas excusas más le decían para justificar su ruptura. Ella normalmente siempre terminaba bajoneada, no correspondida y prácticamente casi derruida. En su despecho buscaba consuelo de fiesta en fiesta, entre el alcohol de fines de semana y el sexo con desconocidos. También asistía a talleres de autoestima y devoraba libros con la misma temática de psicología cognitiva conductual. Toda una espiral emocional y un guirigay desconcertante, un coctel dulce y amargo, en el que un día Patricia ponía fin enfrentándose a si misma, encarándose al espejo frente a frente y diciendo ¡basta!, llorando por última vez aquel duelo que le había afectado demasiado tiempo ya.
Había preferido no complicarse la vida y mantener así una rutina ordenada, normal y tranquila por el momento... Despedía a sus recuerdos con algunas frases recurrentes y motivadoras que había aprendido en uno de esos talleres memorables de autoayuda a los que había asistido. Para eso sirven ¿no?.
Prefería así cubrir con un espeso velo su deseo por Aarón. Sus prejuicios se habían anticipado protegiéndola y salvaguardándola del desastre emocional, moldeado una imagen de él como un vividor. Un malote del que siempre te dejas caer en sus brazos aunque sabes a ciencia cierta que sufrirás. Demasiado bueno para ser cierto. ¿Para qué dedicar el tiempo en algo que no iba a funcionar?. Él es un chico de mundo, por el que fluye un atractivo natural y deseable. Como un caramelo en la puerta de un colegio. Además Patricia ya había entendido que el amor no se busca, ni tampoco necesitas de nadie para ser feliz. Ella estaba en esa etapa de su vida donde todo su interés recaía en otros temas no tan carnales. Ahora era feliz, segura y tenía claro que era lo que no quería.
Había construido su propio planeta, su micro-universo seguro y estable, con su trabajo y sus estudios. Con sus hábitos y normas. Su familia. Los maravillosos viajes que hacía sola o con amigos que, ocasionalmente terminaban yendo a la playa o cualquier otro destino.
Y lo más importante, había aprendido a escucharse y a aprender a vivir con alguien que nunca dejó estar ahí, junto a ella. Apenas se había dado cuenta de su presencia y que estaba conociendo poco a poco. A ella misma.
No se cerraba al amor, pero sabía que lo que hasta el momento había conocido no era exactamente lo que las letras suman y dicen en lo más extenso del vocablo. Simplemente habían sido los aperitivos, algunos de ellos amargos, pero puro vermú para lo que tendría que venir, así, con estas contundentes palabras le consolaba su buena amiga Rocío, en aquellos momentos sensibles tras una ruptura.
Fue precisamente Rocío quien le dijo a Aarón donde paraba Patricia ante la insistencia del mismo. Rocío también era conocedora de esa atracción negada, clara para todos los que coincidían con ellos o estaban presentes cuando aparecían. Tan evidente era que en ocasiones servía de comentario entre el grupo de amigos. Rocío evadía simplemente el tema en defensa de su amiga. Simplemente lo único que deseaba es que fuese feliz su amiga. Había puesto su hombro demasiadas veces y todos merecemos momentos con mejor sabor.
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- Rocío me dijo que te encontrabas aquí, en esta cafetería, almorzando antes de de ir a biblioteca. Le dijo Aarón, buscando con su mirada encontrarse con el dulce marrón de los ojos de Patricia, que escuchaba atentamente.
- Quería saludarte. Alzó el brazo y pidió un café al camarero que ya se estaba acercando por petición previa de Sergio, dejando los postres en la mesa. Unos danzarines flanes caseros, especialidad de la casa.
- Dos cafés más, ¡por favor! añadió Sergio a la comanda. Uno cortado, (le aclaró).
- Me sorprendiste Aarón, pero... ¿qué haces aquí y cómo llegaste a encontrarnos? -A lo que añadió seguidamente -¡Vaya, qué sorpresa!. A los tiempos. Hacía tiempo que no habíamos vuelto a coincidir o a vernos.
- ¡Tú! que te escondes. jeje... - le respondió Aarón con sorna.
- La última vez fue en la fiesta por el cumpleaños de Eduardo, que fuimos Roció y yo ¿recuerdas? -siguió conversando Patricia - que terminamos tomando unas cañas por Lavapiés, ¡qué locura! ¡qué bien lo pasamos aquella vez! - Los recuerdos le dibujaron una gran sonrisa en su rosado rostro, dejando libres a sus pupilas asomarse y dirigirse a él con descaro.
- Si, así fue. Contestó Aarón sonriendo.
Para Sergio, que estaba como un espectador de cine callado, se dio cuenta de que a Patricia le importaba mucho aquel chico. ¿Pero por qué nunca le había hablado de él? La conocía bien y sabía que aquel extraño era algo más que un amigo recurrente en las reuniones. Además, aquel chico también parecía interesado en ella. Deducía que, no había cruzado medio Madrid sólo para saludarla sino que, seguro habría un propósito adicional que por el momento, no terminaba de decir.
No tuvo más remedio que interrumpir aquel momento intimo y tan público, que se estaba escenificando entre ellos dos. Del que él involuntariamente estaba siendo además testigo. La magia acabó cuando el camarero llegó a la mesa con los cafés y Sergio aprovechó para pedir la cuenta. Pidió que incluyese también el café de Aarón. Seguidamente recordó a Patricia el motivo de su encuentro. No quería resultar grosero ante aquel extraño conocido, pero el tiempo del almuerzo se estaba dilatando mucho y tenían toda una lista de tareas que hacer en la biblioteca. Les esperaba un tema mucho más banal como era el Manierismo Italiano. Le sugirió ir avanzando el trabajo él sólo, mientras que ellos terminaban disfrutando de un poco más tiempo para actualizarse íntimamente. A lo que Patricia se negó y Aarón secundó.
- Disculpad no quiero entrenerlos más, se que tienen mucho trabajo. Mi interés era verte. Saludarte e invitarte a una fiesta que voy hacer en mi casa este fin de semana. Estarán todos y me gustaría que vinieras, bueno... ven con quien quieras también. Aarón dirigió su mirada a Sergio.
- No acepto un no por respuesta -siguió diciendo- no puedes faltar. Iré a buscarte si es necesario -sonriendo mostrando su cautivadora y golfa sonrisa a la que nadie podía decirle un no.
- No lo tengo claro Aarón - titubeó Patricia mirando el mantel- vamos muy atrasados con el trabajo de investigación... no puedo confirmarte aún.
- La fecha de presentación cada vez está más cerca y hemos tenido que rehacer nuevamente el proyecto - siguió Patricia con su argumento justificando su negativa- eso nos ha acarreado un tiempo de retraso extra que no contábamos. No sé si estamos en tiempo de permitirnos distracciones, vamos muy justos.
- ¡Sí, allí estaremos!... no hay problema. Seremos puntuales como un reloj suizo. Interrumpió Sergio decidido y contundente, sin opción a la retórica por parte de Patricia.
Sergio no daba crédito ¿Cómo podía estar pensando qué hacer con una invitación de alguien así... ? Comprendía las palabras, la verdad y razón de Patricia; tampoco quería ser irresponsable, pues no eran sus formas, pero hay tiempo para todo. No entendía la reacción tan negativa de sus amiga. ¿Qué le estaba pasando a su amiga? ¿Qué locura le había nublado la visión? Sencillamente no podía entenderlo. Salvo que ella quisiera hacerse la dura con aquel chico. Pero Patricia era lo suficientemente honesta y clara, como para andarse con esos juegos infantiles de quinceañera Disney.
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Patricia finalmente accedió y quedaron en asistir a la reunión. Definitivamente pensaba que era un locura en aquellos momentos pero se dejó llevar por el convencimiento y la insistencia de ambos. Dejó claro que sólo sería por un rato y todo muy light, para no descentrarse mucho del trabajo que tenían entre las manos. También sabía que, una distracción ante tanta presión también es bueno.
Terminaron rápidamente sus respectivos cafés y salieron juntos por la puerta. Ya en la calle se despidieron con afecto y volver cada uno a sus quehaceres.
- ¿Por qué nunca me hablaste del vasco? ¿Quién es? Patri ¿qué pasó? en todo esto... hay mucho más que una simple amistad, ¿crees que no me he dado cuenta? - le iba diciendo Sergio a Patricia mientras entraban en la biblioteca. Por prudencia no quiso interrogarla en la calle mientras Aarón se dirigía calle abajo.