Tome el carro y mientras subía escuche tu tímida voz pero, no entendí bien el mensaje. Centré egoístamente la atención en ubicar un sitio libre donde
sentarme.
Rompí filas abriéndome paso por aquel bosque de sudorosos e inertes cuerpos que como yo, regresábamos de trabajar.
Jornaleros mudos y esclavos de la manada. Vagabundos anónimos buscando el cobijo
del descanso. Recuerdo así cuando tropecé finalmente con tu mirada curiosa y despierta
frente a mí. Quizás la vida lo quiso así.
Observé interesado como tus manos de canela deseaban amarrar con anhelo, los soplos que la vida te va dando, mientras se disipan y acortan en la bruma de esta rutina oxidante. Herrumbre gris de concreto y acero,
hierros torcidos. Inhóspita y fría realidad.
No, para ti no había pena ni tristeza si no mucha dignidad y un gran respeto por quien expresa tanto amor y valentía.
Sigue haciendo mucho calor…
Brillabas como el lucero de la
mañana en el apenado Tártaro con tu singular
belleza caraqueña. Original flor de vainilla, solitaria y delicada. Tu
fuerza desafía la frontera en las dunas de
la soledad y el olvido.
Siento como arde la pista, besa y anuda con celo a la inquietante cotidianidad que estresa y destruye, consume sin piedad. Hoguera de vanidades y narcisistas pasajeros en este viaje sin boleto de retorno, sin paradero. Así sin pudor ni vergüenza, altiva y sifrina va ganando nuestro mayor tesoro… el tiempo.
Siento como arde la pista, besa y anuda con celo a la inquietante cotidianidad que estresa y destruye, consume sin piedad. Hoguera de vanidades y narcisistas pasajeros en este viaje sin boleto de retorno, sin paradero. Así sin pudor ni vergüenza, altiva y sifrina va ganando nuestro mayor tesoro… el tiempo.
El sol abrasador se filtra por el transparente y sucio cristal, quema…
Te observé admirado tu frágil
serenidad y la dulzura de tu voz sincera. Heroica amazona con sonrisa de verde
primavera. Me enseñaste el sentido primario de la vida. La solidaridad como
bandera y la nobleza de la humanidad.
Son tus Labios pálidos de papelón y fresa los que me abrieron la puerta de la
existencia. Tus huesos hablan de batallas por ganar. Dialogan sobre la
incertidumbre que llega y el viaje que iniciaste. Te acompañan el doblar de campanas a duelo y plañideras de negro vestido en este bitacora que aún no terminó. Me senti un príncipe. Un
privilegiado por cruzarme en tu camino, por enseñarme gratuitamente tanto…
llego a mi parada y me despido.
Ya no siento calor, solo paz y ganas de escribir,
¡Suerte amiga!