jueves, 3 de diciembre de 2020


Hace bastante tiempo que no escribo unas líneas en este blog y sentía ya la necesidad de volver a retomar el hábito. Son muchas las cosas que me han sucedido en este periodo de silencio escrito y que se suman al coctel de mi vida. Son experiencias de todo tipo, como debe ser. Así sean malas o buenas siempre serán bien recibidas, pues todo es un aprendizaje. 

Reflexiono sobre lo anecdótico de lo que yo llamo " el pensamiento  sorpresa" . Siento cierta curiosidad en el proceso de como nuestra mente viaja hasta llegar a conectar con el pasado más lejano. Basta un libro, una película, una canción o simplemente una imagen para que la llave del cajón del ayer se gire y  muestre lo olvidado en el presente. 

Liberada ya sor Pandora de la Cruz, de la celda de clausura, es imposible controlarla y devolverla a su lugar. Pues ahora el mensaje corre veloz de neurona a neurona, como en una carrera de relevos, concatenando en una espiral de flujo de información rescatada del almacén de nuestro cerebro, irremediablemente rápido y sin censura. 

Hablo del pensamiento sorpresa porque no es buscado, sale de la nada como por generación espontánea. Además, no es justo y hasta es de mala educación que aparezca de la nada, sin previo aviso, en el momento más inesperado, cuando tu mente se quedó en blanco inexplicablemente, que hasta se te olvidó la acción que ibas hacer en ese momento, segundos inmóviles, fracciones de tiempo en el vacío.

Es tan molesto como cuando te apoyas en una pared recién encalada sin leer el cartel de advertencia  y te manchas inconscientemente. O cuando paseando acompañado de tus ideas rumiantes recibes el saludo de algún despistado pájaro con indigestión. 

Aún así hago balance, repaso mental, interpreto mi estado de cuenta, consolido la lista de lo bueno y o malo, y, asombrosamente me cuesta ... me esfuerzo pero... mnnnn... me cuesta recordar lo malo. Soy afortunado, así me siento y "doy gracias a la vida por haberme dado tanto."

Aquellos momentos, las personas, los comentarios y las actitudes que me hicieron sufrir, llorar desconsoladamente horas y noches, fumar, beber y otros malos hábitos que por pudor no las voy a mencionar ... de todo eso ya no queda nada, tan sólo una pequeña sombra de lo que fue.

De ese dolor ya no queda nada, absolutamente nada, ni el más mínimo sentimiento de culpabilidad, rencor o rabia, etc. nada de nada. Me gusta quedarme con lo bueno, y si no lo encuentro lo inventaría. Hoy escribo porque me siento bien, pleno y satisfecho. 

Y así, de este modo, Sor Pandora volvió al cajón de clausura del ayer, a sus oraciones y al recogimiento. Volvió por su propia voluntad cuando observó que ya no tenía mucho que reclamar y que ya no era la protagonista del momento. Cabe preguntar ¿hasta cuándo?... no lo sé, pero espero que pase tiempo. Sólo ella sabe cuando reaparecerá por sorpresa. Pero estaré allí, aguerrido y estoico, fuerte para recibirla, con la seguridad que me quedó en lo aprendido. 

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