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-Giuseppe y el Destino-
El final del trayecto para Javier también llegó. Pasadas dos estaciones, después que se bajara Sergio, se dispuso a abandonar felizmente el tren. Usaba el subterráneo en contadas ocasiones. Pero aquella mañana tenía algo de prisa y entendía que éste era el medio de transporte más rápido y seguro. Sin desvalorizar, tampoco, el gremio taxistas u otros medios de transporte. A pesar que era el que menos le gustaba utilizar.
Prefería más caminar o montar en bicicleta y así poder disfrutar más de la ciudad, de su luz, de la cotidianidad de los días. Contemplar a los ciudadanos en sus múltiples tareas, a los niños, a los “sabios” de la tercera juventud, como le gustaba nombrar a los mayores, caminando pausadamente por los parques o jugando a la petanca. Observar a las mascotas como caminan alegres con sus dueños mientras les tiran de sus brazos con fiereza. Estas y otras cosas más son, las que le hacía pensar a Javier, en la teatralidad de la existencia, el valor de vivir en directo, sin censura ni artificios, la pura verdad de la vida.
Caminaba ya por el paseo de Recoletos cuando, sintió en su mano el frío del despertar de la mañana. La miró... y la puso a resguardo en el bolsillo derecho del abrigo de paño que se compró aquella vez que visitó la ciudad de Béjar. Este abrigo era un cariñoso recuerdo de las escapadas que había hecho con Cesar, hace ya algún tiempo. Los añorados y pasados domingos compartidos con él. Juntos hacían estas pequeñas excursiones descubriendo los remotos y escondidos paraísos del interior del país.
Compartían su tiempo exploraron los alrededores de Madrid como auténticos sabuesos o buscadores de tesoros. Así, tenían como costumbre pactada que, aquellos domingos que podían permitirse estar libres de compromisos y de trabajo, elegirían pasar el día disfrutando y desintoxicandose de todo, en un destino de diferente. Andanzas que siempre estaban condicionadas por el tiempo, pues tenían que hacerse en el mismo día.
No les importaba madrugar si ese era el costo a canjear por divertirse sanamente y compartir aquellos maravillosos momentos de felicidad. De este modo, trazaban una línea con un lapicero en aquel mapa de carretera envejecido, casi roto ya por las dobleces y salpicado con alguna que otra mancha de café. Este era el método que usaban para revelar su próximo destino. Recopilaban toda la información del lugar elegido y después, en una reunión frente a unas cervezas, vinos y unas tapas, la compartían con su grupo de amigos más cercano, por si alguno de ellos deseara ser partícipe de dicha aventura. Este mapa era el pergamino de la libertad, la llave de la evasión y del disfrute, en lo más explícito de lo que la palabra quiere decir. Sólos o con amigos. Compartiendo el placer de saborear la gastronomía del lugar, el paisaje, la cultura, las gentes y claro está la compañía.
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Algo frenó la mano cuando quiso encontrarse con el calor de la lana del bolsillo. Reconoció rápidamente la textura de un papel que se deslizó con premura hacia el interior del bolsillo. Pensó que sería alguna nota olvidada.
La sacó del fondo y la miró, pero no llegó a reconocer la letra. Se extraño. Frunció el ceño como queriendo encontrar respuesta a aquella cuartilla doblada que no reconocía como propia o quizás sería de alguien que le entregó, pero no alcanzaba a recordar ni el motivo, ni el momento. Aquella cuartilla que tenía en sus manos era un extraño y enigmático jeroglífico. Estaba escrita por ambas caras.
En una de ellas estaba escrito lo que parecía una receta de cocina o... quizás fuese una lista de la compra (rumiaba en su mente extrañada).
También en el lateral superior de esa misma cara de la hoja, estaba adicionalmente apuntado un número de teléfono. Éste era de mayor tamaño que las letras y con diferente color de tinta. El número parecía estar rubricado velozmente, de manera apresurada. Así se podía intuir tanto por la inclinación que presentan los números, como por la impresión de la tinta.
Ésta, la tinta, se había deslizado casi sin pausa sobre la superficie del papel a un ritmo certero y seguro. Lo que desvelaba el buen pulso del escribano. Además, el último número no se distinguía muy bien. Era muy confusa su forma. No se veía claro, más bien, lo tenía que adivinar. Pues más que un número reconocible era un garabato alargado que se estirara hacia el infinito. Dato que confirmaba la premura por escribir aquella serie de números.
Más enigmático parecía el anverso de aquella hoja. Para su sorpresa, en él, había un texto donde se detallaba muy brevemente y con letra muy pequeña, casi diminuta y con los renglones muy juntos, la biografía de Giuseppe Arcimboldo, como anunciaba el título de la redacción. Era un texto abigarrado casi sin espacios, el horror vacui de la composición. Más parecía una mancha de color azul sobre papel blanco.- No es extraño (se preguntaba repetidas veces con asombro)
Javier se había detenido en la calle, parado con la mirada fija en el horizonte y la mano extendida suspendiendo aquel trozo de papel enigmático. En su cabeza pasaron mil ideas a la vez y ninguna le daba un sentido o coherencia a la situación. Una idea, ante todas las posibilidades, cobró mayor relevancia afirmando con clarividencia en su mente. - Tiene que ser del chico del metro, no hay duda.
De este modo, recordó lo anecdótico de la situación vivida en el vagón del metro. Refrescó su memoria con la tímida sonrisa de aquel chico. -¡Tal vez la eche de menos!, pensó. La voz de aquel extraño volvió a reproducirse en su mente con las mismas palabras de la despedida. -Gracias, muy amable. Esta es mi parada, tengo que bajar.
El rostro de Javier se relajó. Mostró una sonrisa complaciente al resolver aquel misterio. Comprendió que aquella hoja de papel escrita se había quedado inicialmente prendida en el borde de su bolsillo. Pero con el movimiento y el contacto de su brazo se encajó, entrando dentro de su bolsillo como una carta en un buzón.
Pensó en tirarla en la próxima papelera del paseo, pero rectificó y decidió guardarla como amuleto de la suerte para aquel día. No es que creyera en esas cosas de la magia, cábalas y supersticiones, pero le invadió una emoción de afecto por aquel extraño.
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... ¿Casualidad? ¿Destino? las vidas de Sergio y Javier se cruzaron impredeciblemente en aquel momento. ¿Quién no ha vivido una de estas situaciones alguna vez?. A la memoria de Javier llegaron inmediatamente conversaciones anteriores que había tenido con desconocidos mientras esperaba pacientemente un vuelo, o mientras descansaba sentado en un parque, o en la cola de un supermercado haciendo la compra o mientras esperan su turno en la sala del médico. Siempre se te queda grabada como una huella alguna de las frases, consejos, comentarios o palabras de estos aparecidos inesperados anónimos que además, nunca más vuelves a ver y que les deseas que todo les vaya bien en la vida.
Algunas personas afirman que nacemos con una ruta de vida asignada y con un designio ya definido. Yo más bien creo en la casualidad, como un fenómeno azaroso dentro de la normalidad de la vida. No tiene mayor relevancia que la coincidencia fortuita de dos o varios elementos en unas coordenadas similares de espacio y tiempo. Lo importante de dicha circunstancia fortuita es si es saludable o nó para nuestra experiencia vital.
Javier era muy tajante en sus convicciones con respecto a estos temas. Su criterio lo fundamentaba en creer que el destino no podía ser tan egoísta y no permitirnos tener la libertad de ser los forjadores de nuestros caminos. Entonces, ¿no somos nosotros los protagonistas en descubrir los secretos de nuestros mundos? ¿no somos tampoco los fundadores de diferentes rutas para nuestro viaje vital?... si todo está designado, si no hay espacio o licencia para la autonomía, entonces ¿qué somos?, ¿quién y por qué nos dirigen?. Si es así; no queda otra forma que rebelarnos ante tal astucia absolutista por parte del destino. ¡Quiero ser libre para elegir!. Claro que no hablaba de las casualidades ya organizadas, amañadas y/o predeterminadas por terceros con algún fin o beneficio. Claramente hablaba de lo fortuito.
Por todo ello no consideraba certero pensar en el destino como algo escrito y predecible. La cartomancia y otras artes mágicas le despertaban curiosidad e intriga, pero no pasaba de ser más que un deleite placentero y morboso. Un placebo para sus oídos. Pues la ilusión es la motivación que origina el binomio de: "los pensamientos positivos serán la base de tus acciones positivas" y ésto sí, le servía en su día a día. Adicionalmente le encontraba sentido y utilidad a la frase. Lo practicaba siempre que se bajoneaba o se alteraba por algún motivo. Finalmente tienes que relativizar las cosas y siempre puedes cambiar o mejorar el curso de los acontecimientos, ¿por qué perder tanto el tiempo en cosas fútiles y negativas? . Tenemos que creer en nuestra felicidad y en la fuerza de la emoción. Pues cuanto más fuerte es la emoción, mayor es la magia de los acontecimientos.
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Patricia estaba esperando tranquilamente en la puerta de la biblioteca. Sentía apetito allí, parada frente a la cafetería. Observaba con gran interés la pizarra donde se anunciaba el menú del día. Su boca empezó a saborear ficticiamente los distintos platos que lo componía. Su estómago rugió anunciando la necesidad de alimentarse. Miraba su reloj de pulsera cuando alzó la vista, y pudo ver como se acercaba su amigo Sergio.
Sergio la iba saludando con la mano que tenía libre, pues tenía ocupada la otra, sujetando el teléfono mientras hablaba. No dejó de saludarla cariñosamente desde que la vio entrando por la calle. Habían quedado para almorzar juntos. Decidieron almorzar algo ligero e ir después a la biblioteca pública. Pues una comida copiosa puede ser un freno para la concentración en el trabajo. Puede llevarte fácilmente al sueño, a encontrar un motivo que te evada y finalmente procrastines.
También hay que decir que no todo era trabajo pues siempre hay un momento para el chisme y ponerse al día. Siempre había esos divertidos momentos entre aquellos viejos amigos.
Sigue así llenándonos de tu arte con la escritura para trasladarnos al mundo de la ilusión,la fantasía y la intriga. Espero y deseo el próximo capítulo.
ResponderEliminarEres un talento ..brother miguel ... muchas veces me ha pasado lo de javier ... y he guardado un trozo de papel arrugado ... me he aguabtado de botarlo... eres increible .. Gracias
ResponderEliminarTalento total.Gracias por tu arte.
ResponderEliminarSigue escribiendo mi querido Migue, la historia cobra cuerpo y presencia, queremos saber que sigue y como desarrollas la forma.
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