sábado, 6 de enero de 2018

Una oración sánscrita de sorprendentes colores aún está por pincelar en el libro de mi vida. Limpio y vacío de  borrones o subrayados, de mayúsculas o signos de puntuación. las páginas están pulidas, no hay nada escrito. Blanco vacío.

Disfruto con el aroma del papel. Recuerdos de la tierra mojada después de regar la puerta en las tardes del caluroso verano extremeño. Mediterráneo, azul y rico. Mundo viejo conocido. Un Mare Nostrum enjaulado en fronteras.

Ya no viajan cartas de amor en olas de espuma. Veladas en arena de playa. Días de risa y noches de vino tinto. Risas y llanto. Luto y volantes. Canción de sierra y labranza. Como recuerdo el aroma de vega en los campos de la Ribera. Flor de tabaco y maíz, color tomate.

Como en un circulo infinito volvemos a empezar partiendo en el mismo punto de salida. Diferentes. Transformados. Ya no yo, ahora soy el otro. No el mismo.
Miro el espejo y reconozco aun los ojos de niño que sueña con barcos y reinos. Pero mi rostro ya tiene marcada las líneas de la vida. Caminos del tiempo pasado que cicatrizan mis días. 
Me reinvento de principio a fin. Mudo mi piel reptilínea. Busco nuevos pastos. Migro a espacios  donde desarrollarme y explorar. Nunca me sentí tan libre y sereno. Aun no soy mayor, todavía debo crecer. 

No es tristeza ni melancolía es embriaguez de ilusión y deseo de aventura. Cada día alumbra una oportunidad. Es de mal jugador no aprovechar. Corre, camina, anda en la ruta que trazaste. Navega en tu carabela ligero de equipaje hacia lo desconocido. Hacia la magia. Yo estaré allí.

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